Varios años ya de insistir en el mundo del psicoanálisis, leyendo, escribiendo, concurriendo a charlas, congresos, grupos, cárteles, atendiendo algunos cuantos pacientes, llevando adelante mi análisis personal, trabajando en escuélas de psicoanálisis, unas y otras, Millerianas, Lacanianas, Freudianas.
Usando las herramientas que nos dejó esta teoría, en grupos políticos, artísticos, de trabajo... en fin, llevando un estilo de vida marcado por esas letras psi.
Ahora escribo esto y me pregunto ¿Y entonces qué? ¿Y ahora qué? y leo textos que hacen referencia a distintos sucesos de violencia ocurridos en francia (quema de autos) o sobre las recientes guerras en medio oriente y no puedo dejar de sentir cierta identificación con esa energía de ruptura mediatizada por el odio y la violencia en estos casos, identificación que en mi caso se traduce en estas palabras que cuestionan, que se esfuerzan por interpretar qué sucede, dónde está la resistencia que genera estos estallidos.
Identificación con ese "ser el resto", "lo que sobra", lo que no esta permitido, lo que no cesará de manifestarse de una u otra forma, a pesar de la honestidad brutal mostrada al mismísimo Otro social, mediante el trabajo, mediante el estar, poniendo palabra, diciendo, escribiendo... y sin embargo aqui estoy en los márgenes sociales, como muestra viviente de la falla, soportando a causa del letargo político que gobierna gran parte del mundo, tanto "Del Mundo" como de los mundos, psicoanalíticos, artísticos, lúdicos.
Como dice el folclore sobre el decir de los borrachos en las barras de los bares "¿qué, mi plata no vale?", ¿qué, mi trabajo no vale?, ¿mi palabra no cuenta quizá en este nuevo mundo regido por los comités de ética que proclaman a gritos la discusión permanente y el consenso? ¿acaso vislumbro el ocaso de esta falsa ideología del diálogo?
¿Pero y entonces qué? ¿Quemarlo todo como en Francia? ¿Perpetuar guerras ancestrales? No dejan de incomodarme estas ideas y entonces vuelvo a mi estilo, escribir sobre, analizar, hablar, escuchar el decir de los pacientes sobre su precaria estadía en este mundo, escuchar a otros analistas referentes, a otros políticos referentes, a otros artístas, escritores... pero nada me convence demasiado, no mucho más que estas líneas... el interrogante sigue alli, ya sea en la desazón de un trabajador, ya sea en la violencia de un proclamado guerrillero, sea civil urbano, o militarizado... o de un cineasta que filma todo esto y lo intenta transformar en algo artísticamente bello digamos, incluso ese camarógrafo de los noticiosos que cree mostrar la realidad tal cuál es.
No alcanza, nada alcanza, lo cotidiano sobrepasa todo, el supermercado pone precios, el supermercado de la música, de las películas, de los alimentos, de la vestimenta, y ningún discurso hace identificación ni lazo, los semblantes vacilan, se sotienen en ese vacilar eso si, "por suerte", como dice el cliché de todo psicoanalista. La cruda realidad del mercado se impone sobre todo semblante, ya no es la liviandad del significante, es el peso de los significados... estan los psicoanalistas ricos y los pobres, los políticos ricos y los pobres, los escritores y asi... esa línea no se franquea, alli nadie encuentra soluciones porque remitirían directamente a la castración, a la violencia primera que sostiene toda civilización y por la cuál admiten calladamente todos estos hechos de violencia mundiales, nadie quiere ceder, nadie quiere pagar.
Alli entonces se suceden metonimias discursivas convertidas en "las nuevas ideas", llámense comités, cárteles, grupos, asambleas, cooperativas, todos mecanismos tendientes a postergar una verdad que inevitablemente llegará tarde o temprano: la castración, la privación, el ceder o pelear, la barbarie o la nueva apuesta por la llamada civilización, alli donde se agrupan los despojados intentando resistir de a muchos, no dándose cuenta de que lo único que hacen es colaborar con esta postergación del don necesario para la vida, sea en objetos, sea en dinero, sea en palabra o en actos... o en actos de palabra.
Aqui mi refugio mientras tanto, mientras se espera, pacientes de la lentitud del sistema reconocedor y habilitador de valores sociales, de los inexistentes, por ahora, administradores del goce, que no alcanzan a contar todavía este plus... mi refugio del decir, mi refugio de palabras que ni siquiera me salva de la lluvia, mi refugio de la escucha, de la utilidad social de la escucha que aún no es escuchada como tal.
Maximiliano Perinetti.
BARCELONA.- El inquietante actor norteamericano John Malkovich, que dirige en Barcelona la obra teatral "Hysteria" , recreación de la visita de un joven Salvador Dalí a un anciano Sigmund Freud, recomienda el psicoanálisis al menos "una vez a la semana".
A él, asegura, le ayudó a cambiar su percepción sobre las personas.
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"El sentido del amor es una experimentación radical de la diferencia y es la construcción totalmente singular de la diferencia. En el amor usted trata de saber qué es realmente ser dos, crear una nueva visión del mundo, enfrentar la cuestión sobre cómo se ve el mundo siendo dos. No es lo mismo ver de a dos que ver de a uno, no es el mismo mundo. Y es verdad que es totalmente distinto de la política, porque la política es la creación organizada de la igualdad, mientras que el amor es la experimentación de la diferencia. Y son dos cosas separadas. Diciendo simplemente "ámense los unos a los otros" no se avanza en la política. No se pueden trasladar a la política las máximas del amor".
Entrevista Completa
CORTESIA DE NEUROSIS TOTAL
El banquete de los nombres del padre.
Tal como viene sucediendo en Argentina y en el mundo entero, la representatividad se está viendo cuestionada por nuevas formas político organizativas que, sin proponerse reemplazar taxativamente a las anteriores, proponen un horizonte de coordinación mutuo entre quienes hasta ese momento venían ejerciendo su digamos "democrática" tarea de representar, y quienes venían siendo representados por aquellos.
Esta crisis global generó cambios políticos importantes en casi todos los ámbitos del estado y privados, bajo un lema de ya no más representación acompañado de una auto-organización creciente, consecuencia inevitable de no tener representantes, se movilizó un verdadero cambio de estructuras que tendría como meta que no se repitiesen más, en la medida de lo posible, algunos viejos vicios de la política tradicional.
No podemos decir que se trate de una revolución radical, ya que mantiene las formas clásicas de organización pero articuladas con esta nueva concepción del trabajo autónomo.
Tampoco podemos decir que no es un cambio revolucionario, ya que en cierta medida lo es, una especie de subversión de los sujetos representados hacia un estado de auto-representación ligado a un nuevo tipo de negociación permanente con quienes hasta hacía poco venían siendo sus jefes y con quienes pasarían a conformar una sociedad, esperanzadamente, de iguales.
Así es que por ejemplo, en una fábrica, ya no se vería más la figura del jefe y los empleados en relación piramidal de poder en cuanto a las decisiones respecta, sino a un grupo de obreros decidiendo el destino de su producción así como los medios de ésta y luego ofreciendo el producto terminado a quien quiera comprarlo, incluyendo sus anteriores jefes, quienes quizá pasarían a conformarse como accionistas o compradores mayoristas o quién sabe.
En fin, y entrando en tema, todo esto no es ajeno al mundo “psi”, como ahora se acuerda llamar, y a sus sistemas político organizativos de escuelas, asociaciones y demás.
Muy por el contrario, esta completamente en relación, tanto teórica como práctica, hasta se podría decir que el discurso del psicoanálisis fue el precursor y quizá quien motivó a politólogos en todo este cambio, el discurso del psicoanálisis y en particular del psicoanálisis lacaniano, hay que decirlo, ya que este fue el discurso que por excelencia pudo encontrar otra versión del padre siguiendo al pie de la letra la enseñanza del “padre del psicoanálisis” y hasta continuándola de manera rigurosa.
Es un poco la historia del psicoanálisis, escisiones, reagrupamientos, cooperación sin jerarquías ni mandos (o como dirimió Freud cuando trataba de asignar una mayor importancia a las pulsiones de autconservación o a las pulsiones uales, terminando por declarar que se sostienen entre sí.)
Así ha pasado el tiempo hasta nuestros días, hasta nuestras escuelas, asociaciones, agrupamientos, y no sin ir dejando sus diferentes marcas en cada momento, y la marca de nuestra época es la globalización, el “pensar globalmente y actuar localmente”, así es que a fines del 2003 se comenzó a vivir en Francia toda una nueva serie de acontecimientos en el mundo psi que dieron lugar a movilizaciones y cambios que todavía no han cesado de sucederse, cambios globales que repercuten, incluso que deberían repercutir, en cada grupo analítico de cada lugar del mundo, movimientos que no hacen sino manifestar un malestar existente que todavía no había sido trabajado debidamente.
¿Cuál es la modalidad de estos cambios?, no sin causa, casi la misma que se sucedió en cada plano del mundo, tanto empresarial como político, educativo, etc. Una modalidad de reagrupamiento de lugares en los banquetes; podríamos decir que para novedad lo clásico, ya que no es otra cosa que lo ya leído en los textos sugeridos, no tan sutilmente y a modo de metáfora en este discurrir, no es complicado descubrirlos, hasta demasiado redundantes.
Y es que el cambio se sostiene en las identificaciones entre pares, en un dejar hacer el trabajo a quienes saben hacerlo sin obstruir más que con lo que de real pueda presentarse en cada caso y que entonces no será más que enunciarlo o soportarlo fugazmente hasta que se produzca su elaboración, ya que lo que no hay, no hay.
Estas viejas-nuevas formas dejan abierto el camino a los cambios, al crecimiento, a la valoración subjetiva, a la toma de decisiones por parte de los sujetos comprometidos, sin margen a lo que podría llamarse un “lavarse las manos” sino a un hacerse cargo, de su goce, de su inconsciente, de sus actos y sus palabras. Y escribí viejas-nuevas formas porque como decía anteriormente, esto se lee en el banquete de Platón, en un párrafo increíble que no debe haber pasado desapercibido a más de uno y en el cual Agatón dice a sus esclavos:
“... a nosotros, a los demás, servidnos la comida, esclavos. Poned libremente sobre la mesa lo que queráis, puesto que nadie os estará vigilando, lo cual jamás hasta hoy he hecho. Así, pues, imaginad ahora que yo y los demás, aquí presentes, hemos sido invitados a comer por vosotros y tratadnos con cuidado a fin de que podamos elogiaros.”
¿Que otra cosa se enuncia aquí sino una autonomía por parte de los esclavos con respecto a sus amos? En el texto se ve muy claramente cómo el amo se dedica a sus asuntos, filosofar, sin entrometerse en los del esclavo, en este caso servirles el banquete. Y esto no se dirime "solamente" por cuestiones de poder sino tambièn por cuestiones de goce y franqueamiento de resistencias que impidan encontrarse con el deseo que porte cada uno en cada momento, ya que las puertas de paso de un régimen a otro, podríamos decir que se encuentran (o deberìan) siempre abiertas a las posibles intenciones de permutación por parte de ambos lados formando una dialéctica, por no decir un diálogo, y esto creo que ha sido demostrado por la historia, obviamente requerirá de un aprendizaje y un esfuerzo, pero nos encontramos hoy con hijos de amos que han elegido trabajar con su cuerpo y se han convertido también en "cocineros", refinando el gusto quizá y cambiando el nombre por el de chef o similares, lo que da lugar a la instancia de manejo de los semblantes, pero eso ya es otra cosa; también existen ejemplos de trayectoria inversa a lo largo de la historia y del que citaré un ejemplo extraído también del comienzo del banquete, cuando Apolodro dice a Glaucón:
"¿Pero cómo –le dije- pudiste pensar eso, Glaucón?¿No sabes que, desde hace muchos años, Agatón no ha estado aquí, en la ciudad, y que aún no han transcurrido tres años desde que estoy con Sócrates y me propongo cada día saber lo que dice o hace? Antes daba vueltas de un sitio a otro al azar y, pese a creer que hacía algo importante, era más desgraciado que cualquier otro, no menos que tú ahora, que piensas que es necesario hacer todo menos filosofar."
Leemos como Apolodro tres años atrás creía que era necesario hacer todo menos filosofar, yendo de un sitio a otro al azar (esto nos remite directamente a los nombres del padre) y ahora no solo ha cambiado su rumbo, de hecho se dirigía al banquete de los filósofos, sino que también insta a Glaucón a dicho cambio. Esto no quiere decir que Apolodro esté en lo correcto, Glaucón puede preferir hacer cualquier otra cosa y estaría muy bien, solo muestra que la puerta está abierta, o por lo menos que solo hay que golpear en ella.
¡¿Increíble adelantamiento en el tiempo no?! No, no es eso, es solo el concepto de actual, lo actual tiene otra lógica del tiempo que la cronológica, esto lo sabemos, y resulta que además está siempre actualizándose, y la actualidad analítica nos enfrenta nuevamente con estos problemas, no sé porqué no había sido resuelto ya en la base, o en el comienzo, por decirlo ahora sí cronológicamente, en el comienzo de las escuelas, las asociaciones, los grupos, pero bueno, nunca es tarde y lo que una vez se dejó pasar sin haber sido interpretado, analizado, o por lo menos enunciado como algo transitorio que más adelante se iría resolviendo a medida que se sucedieran los cambios subjetivos oportunos, retorna, se actualiza, encuentra la vías para, en el mejor de lo casos, hacer síntoma.
Aquí nos encontramos hoy en día en el suceder del mundo psi, primero se formaron las escuelas o asociaciones de analistas, y entonces quisieron dedicarse casi exclusivamente a hacer lo que querían hacer, analizar, transmitir algo de su saber, ofrecer un curso; pero claro, necesitaron ayuda, secretarios, bibliotecarios, diseñadores web, “organizadores de banquetes”, ya no esclavos sino trabajadores a sueldo, pero cometieron un error, no hicieron como Agatón cuando se dirigió a sus esclavos, explicándoles que son ellos, a partir de ese momento, quienes serían los encargados materiales de llevar adelante la escuela, por tanto y desde ese momento su escuela, la cual tendrían que mantener lo mejor posible a fin de obtener el reconocimiento merecido, como cualquier persona desea cuando realiza algo, sobretodo si lo hace con deseo, a la vez que estarían siempre inmersos en los discursos de analistas y quizá algún día, alguno dejase de escuchar pasivamente y se interesase por “filosofar”.
Y pasó, algunos se interesaron y descubrieron que Freud había dicho “mis laicos están por venir” y entonces quisieron comenzar ellos también a analizar, a llamarse analistas, a formar parte de las escuelas desde otro lugar de trabajo.
Y aquí sobrevino un “no querer saber” nada acerca de esto por parte de los primeros analistas, injurias, exclamaciones, quejas, obstáculos, era como si dijesen “no quiero saber nada acerca del psicoanálisis”, claro, sin dejar de creerse merecedores de lo que negaban.
Esto no debería suceder en el año 2004, siendo que el propio Lacan enfrentó este problema en 1964 y Miller dedicó todo un curso entre 1989 y 1990 a este tema del banquete de los analistas, pero si, sigue sucediendo, pero quiero creer que sucede porque existe una estructura que lo posibilita, por tanto, mi tesis es que si sacudimos esa estructura organizativa hasta hacerla virar, esto puede quedar, en la medida de lo posible, solucionado, o si se quiere, estructurado de tal manera que para que suceda, todo el conjunto de analistas integrantes de determinado colectivo tengan forzosamente que desvinculare de su ética como analistas, y creo que esto, por lo menos, dificulta un poco más la repetición.
Aquí los remito a las páginas 39 a 43 del curso de Miller titulado “El banquete de los analistas” para luego leer las páginas 16 a 24 como introducción por aprés-coup.
Luego de estas lecturas quizá se entienda un poco más la idea que quiero desarrollar y que propone una especie de analogía entre las fábricas y las escuelas. La idea es llevar a cabo una división entre los "no analistas" y "analistas no practicantes", ya sean analistas de la escuela o interesados por el psicoanálisis solo de forma teórica y los "analistas practicantes", quienes tienen pacientes. División, como se lee, no ya por la categoría de analista, sino por el tipo de desempeño con respecto al psicoanálisis y la escuela para la cual trabajan, dispuestas así las cosas, los no analistas tendrían que reunirse entre ellos para debatir y decidir todas las cuestiones referidas a su trabajo hacia la escuela, es decir, mayoritariamente administrativas, de acondicionamiento físico del lugar etc. Y los analistas, invitados a esta escuela-banquete, se reunirían físicamente en este edificio preparado para ello, a dar sus cursos, hacer sus reuniones, exponer sus parrafadas sobre qué es ser un analista, luego, al final de cada banquete, los invitados pagan por el cervicio prestado (escrito con una C inicial, como aclara Lacan: “el cuello que se doblega”)
Cada mes, o cada semana, analistas estrictamente clìnicos y analistas no practicantes se reunirían “frente al tapete”, como gustaba decir Lacan, para dialogar acerca de sus intereses recíprocos y con suerte, poder nutrirse mutuamente sobre el basto mundo psi y todos sus intersticios, coordinarse, sin dejar, cada conjunto, de mantener sus propias reuniones de coordinación y autorregulación, basadas en la autonomía de decisión de cada conjunto sobre su forma y destino y sostenidas, por sobre todas las cosas, en la ética del psicoanálisis.
Por demás de sentado que cualquiera de los integrantes de cada conjunto puede pasar al otro siguiendo los mecanismos del pase, incluso podría ser recomendable para descansar, nutrirse de otras experiencias, reencontrarse con otros saberes o iniciarse en otros saberes.
De este modo, el analista clínico seguiría ocupando su lugar de escucha frente a los no analistas-analizantes en sus encuentros-sesiones (hasta se encontraría forzado a ello, exigiéndose en su esfuerzo, ya que no podría operar de otro modo) pudiendo ejercitar todas sus herramientas de analista clínico hacia el conjunto de los no analistas, pero como su ética lo impone, jamás podrían decirles qué hacer y que no, quizá sugerir y sobretodo escuchar, interpretar y aprender de esta clínica, de este real, así como lo hacen con sus pacientes individuales; lo mismo, por su lado, los analistas no practicantes o clínicos.
Este ejercicio de verdadero análisis ofrecería mayores esfuerzos éticos de cada parte, incluso, si están bien orientados, un avance mutuo de alcances insólitos, como sucede en los psicoanálisis, y hasta quizá promueva un mayor y mejor número pases.
Nota:
Gracias a todo Planeta X y a todos los autores citados y leídos.
Maximiliano Perinetti.
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Ana María Uribe
Nació en Buenos Aires, donde vive en la actualidad.
Desde fines de lo 60 se dedica a la poesía visual, se
inició con sus Tipoemas o poemas tipográficos.
En 1997 comenzó los Anipoemas, poesía visual animada.
WWW a Ana María
...En los recientes y confusos debates hubo un grupo que se mostró realmente en su función de grupo, llevado por todas partes a ciegos torbellinos. Uno de mis alumnos intentó salvar un debate confuso en su nivel analítico, creyó su deber hablar. . . que la verdad, que la moneda auténtica, el sentido de una enseñanza, es que nunca se la atrapa. ¡Qué contrasentido increíble En cualquier caso, qué impaciencia infantil.
¿Equivale esto a justificar una función metonímica de la verdad? ¿Dónde se ha visto, como en matemáticas, que cada capítulo remita al siguiente? Me acercaba yo a cierto punto de la densidad a la que Uds. no podían llegar, no son sólo los atributos de la infatuación y de la estupidez, espíritu con forma de residuo, comité de redacción, hay otra cosa, y efectivamente encontré, a veces la encuentro, a la verdad de la praxis que se llama psicoanálisis ¿Cuál es su verdad? Si algo revela ser decepcionante, esa praxis debe avanzar hacia una conquista de lo verdadero por la senda del engaño, porque la transferencia no es otra cosa, en tanto no hay nombre en el lugar del Otro, inoperante. Si mi marcha es progresiva, prudente, ¿no es todo lo que he intentado promover por esa senda contra la cual siempre tuve que pronunciarme, sin lo cual amenaza resbalar hacia la vía de la impostura?
Desde hace dos años, habiendo confiado a otros el manejo interior de un grupo para dejar la pureza a lo que tengo que decirles: no hay diferencia entre el si y el no.
lacan :: seminario sobre los nombres del padre
París, 11de feb (ALP / 10 h 05) — Recibimos de la revistas « Les Inrockuptibles » este llamado para hacer circular por mail.
Buenos días,
Para federar las movilizaciones cada vez más fuertes, pero aún muy dispersas y fragmentadas, que surgen de los sectores de la cultura y del saber, frente a los ataques regulares, a los recortes presupuestarias y a las amenazas del actual gobierno, el periódico cultural Les Inrockuptibles lanza un "llamado contra la guerra a la inteligencia". Ustedes encontrarán aquí el texto de este llamado que será publicado el 18 de febrero en nuestras columnas. Sus firmas deben llegarnos lo más rápido posible (último plazo viernes 13 por la mañana) a la dirección de mail siguiente: appel@inrocks.com, con el nombre y apellido y actividad.
Les Inrockuptibles
Llamado contra la guerra a la inteligencia
Nada más cercano hoy a una universidad sin crédito que un laboratorio científico con problemas, nada más cerca de un discontinuado del espectáculo que un doctorado precario, un urgentista en alarma que un juez desbordado por los dossiers y los casos, que un psicoanalista prohibido de su ejercicio, que un arqueólogo privado de explorar, nada más cercano a un arquitecto que un abogado o un médico cuya libertad de ejercer está cada vez más enmarcada, nada más cercano a un desocupado que un artista en el Rmi, nada más cercano, en las salas vetustas que un profesor y sus estudiantes.
Todos estos sectores del saber, de la investigación, del pensamiento, del lazo social, productores de conocimiento y de debate público son hoy objeto de ataques masivos, reveladores de un nuevo anti -intelectualismo de Estado. Es la puesta en acto de una política extremadamente coherente a la que asistimos. Una política de empobrecimiento y de precarización de todos los espacios considerados como improductivos a corto plazo, inútiles o disidentes, de todo el trabajo invisible de la inteligencia, de todos estos lugares donde la sociedad se piensa, se sueña, se inventa, se cura, se juzga, se repara. Una política de simplificación de los debates públicos, de reducción de la complejidad: por o contra el velo? Psiquiatras o charlatanes? Un policía en cada escuela o profesores .tolerantes? Jueces de izquierda o canas severos? Francia de abajo contra las elites sapientes? Los artistas: perezosos o aprovechadores? Desde hace dos años, es larga la lista de las competencias y saberes prácticos despreciados, de los debates reducidos, amputados de su espesor y de sus contradicciones fecundas.
El gobierno Raffarin hace un uso simplista y aterrorizador de las famosas lecciones del 21 de abril: en plena crisis del Estado Providencia, en estos sectores más sensibles que son el Hospital y la salud, la escuela y la universidad , la justicia y el trabajo social, la cultura y el audiovisual público, en el momento de una fractura urbana sin precedente entre los ricos y apacibles de la ciudad y las periferias abandonadas, a la hora de una descentralización cultural acelerada y sin red y de una industria de la cultura que modifica en profundidad el paisaje intelectual, qué hace el gobierno? Entrega la arquitectura, el urbanismo y la construcción de un nuevo espacio público a los grandes grupos del BTP. Adelgaza los cuerpos intermediarios de la comunidad educativa suprimiendo los empleos de los jóvenes, auxiliares de educación, enfermeros, cuidadores. Fragiliza el mundo del espectáculo en nombre de una reforma necesaria del régimen de la discontinuidad. Desmoraliza a las profesiones de salud y acelera la "fuga de cerebros" a universidades extranjeras. Aprovecha la jubilación de las generaciones del baby-boom para hacer desaparecer a los sectores de investigación, de las especialidades médicas, de las disciplinas educativas. Procede a recortes sombríos en los presupuestos del saber y de la investigación. Y resuelve el hacerse cargo de los "viejos" culpabilizando a las familias, el llamado al orden paternalista de los más jóvenes, y la supresión de un día feriado. Esta guerra a la inteligencia es un hecho sin precedentes en la historia de la nación. Es el fin de una excepción francesa: una simple mirada hacia algunos de nuestros vecinos europeos, a la Inglaterra post-tatcheriana o la Italia de Berlusconi permite sin embargo ver lo que ocurre con las escuelas, los hospitales, las universidades, los teatros, las editoriales al término de estas políticas que , llevadas en nombre del buen sentido económico y del rigor presupuestario, tienen un costo humano, social y cultural exorbitante y consecuencias irreversibles.
Lejos de constituir un movimiento de humor corporativista, este esfuerzo de las profesiones intelectuales concierne al conjunto de la sociedad. Primero porque la producción y la difusión de los conocimientos nos es tan indispensable como el aire que respiramos. Además, porque más allá de nuestros oficios , de nuestros saberes, de nuestras prácticas, nos ocupamos del lazo social, que relega más aún en los márgenes a los desocupados, a los precarios y a los pobres.
Y ahora? Con esta toma de conciencia se trata de compartir las luchas y las movilizaciones, de federar nuestras inquietudes, de intercambiar estas experiencias alarmantes, y de dirigir al gobierno una protesta solidaria, unificada, que emane de todos los sectores atacados por este anti-intelectualismo de estado que ningún partido político, de derecha o de izquierda, no ha emprendido aún la tarea de denunciar. Cada uno de entre nosotros debe continuar llevando su propias reivindicaciones, elevando sus propias defensas, pero debemos también interpelar colectivamente a nuestros ciudadanos sobre este desmantelamiento de las fuerzas vivas de la inteligencia.
appel@inrocks.com
No dude en hacerlo circular.
Traducción: Silvia Baudini
"Cada frase que pronuncio no puede considerarse una afirmación
sino una pregunta".
Niels Bohr (1885-1962); físico danés, premio Nobel.
Le Forum des psys
s'est tenu à Paris au centre de Conférence Méridien Montparnasse le Samedi 15 novembre 2003 de 14h à 19h non stop, Autour de l'amendement Accoyer et du rapport Cléry-Melin
Ce Forum était une initiative d'Ornicar ? revue du Champ freudien dirigée par Jacques-Alain Miller
Il représente une étape importante de mobilisation pour la suppression du Communiqué Mattéi et du gel de l'amendement Accoyer
Le "manifeste psy" a été à cette occasion signé par plus des 900 participants présents.
La création du MOUVEMENT DU 15 NOVEMBRE y a été lancée.
Nous nous considérons comme mobilisés jusqu’à la suppression du Communiqué Mattéi et au gel de l’amendement Accoyer.
Adresser les signatures à : ORNICAR ?-FORUMPSY 9, rue Duguay-Trouin, 75006 Paris, ou directement sur le site : http://www.forumpsy.org
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LE MANIFESTE PSY
Paris, le 15 novembre 2003
Nous, les psys, qui traitons « la demande qui part de la voix du souffrant, d'un qui souffre de son corps ou de sa pensée » (citation de Lacan) ;Nous, professionnels de l'ensemble des modes d'exercice de la psychanalyse, de la psychologie clinique, des psychothérapies, et de la psychiatrie publique et privée, réunis en forum à Paris ce 15 novembre 2003, déclarons ce qui suit :
Le 2 octobre dernier, le Ministère de la Santé a annoncé dans un communiqué officiel « l'élaboration d’un plan global sur la Santé Mentale » sur la base du « plan d'actions » Cléry-Melin, précédée d'une concertation dite « élargie » associant « les professionnels et les représentants de l'ensemble des modes d’exercice de la psychiatrie (publique et privée), ainsi que les associations des malades et de leur famille ». Ce qui veut dire en clair qu'on entend exclure de toute concertation les professionnels et les représentants de l'ensemble des modes d'exercice de la psychanalyse, de la psychologie clinique, et des psychothérapies.
Le 8 octobre, l'Assemblée nationale, gauche et droite confondues, a voté à l'unanimité l'amendement 336, troisième modification, du Code de la santé publique, dit « amendement Accoyer », et ce, sans l’ouverture préalable d'un débat public, sans auditions des professionnels concernés, et sans être elle-même informée de données essentielles, dont le rôle que le Ministre chargé de la Santé entendait faire jouer au « plan d'actions » Cléry-Melin. Ce vote constitue en lui-même une « pathologie de la démocratie ».Le Communiqué et l'amendement sont les deux faces d'un même projet dont la réalisation mettrait en coupe réglée la santé mentale en France au bénéfice des cliniques privées, et mettrait au pas la psychanalyse et les psychothérapies au bénéfice des laboratoires pharmaceutiques : nos professions sont en effet les principaux obstacles empêchant le triomphe total des psychotropes, dont les Français sont d’ores et déjà les premiers consommateurs dans le monde.
En conséquence de quoi :
1. - Nous demandons la suppression pure et simple du Communiqué du 2 octobre dernier.
2. - Nous demandons respectueusement aux Sénateurs de procéder aux auditions des représentants qualifiés de nos professions, puis de geler le vote de l'amendement Accoyer, dans l'attente de la proposition du « Forum des psys », en cours d'élaboration.
3. - Nous prions le Ministre de la Santé, M. Mattéi, le Ministre de la Culture, M. Aillagon, et le Secrétaire d'État aux professions libérales, M. Dutreil, de recevoir la délégation dite du « Forum des Psys », qui leur exposera les enjeux de la présente affaire et les raisons de l'émotion populaire et médiatique : enjeux de santé publique, enjeux de civilisation, enjeux professionnels.
4. - Nous suggérons à Alain Juppé qu'il ne serait pas inopportun que le président de l'UMP songe à prendre position sans trop tarder sur les initiatives mal orientées du député UMP de Haute-Savoie, M. Accoyer, qui défrayent fâcheusement la chronique.
5. - Nous souhaitons la constitution d'un groupe de travail, comprenant, avec la délégation du «_Forum des psys_», des représentants des deux Chambres et ceux de l'ensemble des professionnels intéressés au « psy », depuis les psychiatres jusqu'aux travailleurs sociaux et infirmiers, sans oublier les associations des malades et usagers.
Nous nous considérons comme mobilisés jusqu'à la suppression du Communiqué Mattéi et au gel de l'amendement Accoyer.
Adresser les signatures à : ORNICAR ?- FORUMPSY 9, rue Duguay-Trouin, 75006 Paris, ou sur le site : www.forumpsy.org
Texte rédigé par Jacques-Alain Miller.
Forum des psys
Samedi 15 novembre 2003
14h-19h non stop
Autour de l'amendement Accoyer
et du rapport Cléry-Melin
Ce Forum est une initiative d'Ornicar ?
revue du Champ freudien
dirigée par Jacques-Alain Miller
Entrée libre avec participation aux frais : 10 Euros
Centre de Conférence
Méridien Montparnasse
19 rue du Commandant Mouchotte 75014 Paris
La Comuna Armada como alternativa
Parte de De que van las comunas. Pepe Ribas. Ed La Piqueta 1980.
Este texto está sacado del libro De que van las comunas. Era un libro escrito allá por 1980, cuando la moda comunera contracultural comenzaba a remitir. Aún así todavía quedaba mucha gente interesada en crear comunas tanto rurales como urbanas (en pisos). A menudo esa gente provenía de las clases medias o incluso altas, y lo que buscaba era una nueva forma de vida en total libertad -casi siempre temporal. Pero existía gente que se lo tomaba en serio y que ya estaba harta de todas las experiencias fracasadas de años anteriores. Lo que viene a continuación es una serie de recomendaciones basadas en experiencias prácticas para crear comunas. Está basado a su vez en un texto italiano con el mismo nombre escrito en los años 70. Estas recomendaciones siguen siendo muy útiles para aquellas personas que viven o que quieren vivir en comunidad en nuestros tiempos.
Errores y derrotas
En estos años, claro está, la experiencia comunitaria ha sufrido crisis y derrotas graves: la infravaloración del enemigo exterior e interior, el falso espontaneísmo que ha bloqueado y destruido centenares de comunas o de pseudo-comunas, la sublimación mística, el mito de lo "natural " llevado hasta el fanatismo y el masoquismo, las utopías creadas por teóricos que nada saben acerca de la práctica, pero que como son muy eruditos se les concede gran importancia... estos son entre otros, la contrapartida interna de la paranoia real desencadenada por el capital con una represión capilar que ha significado miles de persecuciones, detenciones, presidios, etc., con la excusa de las armas, de las drogas, del terrorismo. Por no hablar de la recuperación o de la banalización consumista de las luchas por una vida alternativa. Se han banalizado o comercializado, todas aquellas cosas que en un principio tendían a una desalienación, como pudieran haber sido la macrobiótica, la medicina natural o el cultivo biológico. y todo eso quita energías a la lucha de clases, ya que banaliza el descubrimiento de nuevos campos para el enfrentamiento, en unos momentos en que el Capital intenta con todos los medios a su alcance, integrar el proletariado.
Autocrítica: crear comunas de ataque
Actualmente se está realizando una importante autocrítica y replanteamiento de todos los movimientos comunitarios europeos. Es necesario armarse contra la miseria de la supervivencia para estar capacitados para conquistar espacios concretos y cotidianos de felicidad y serenidad, de capacidad de vida y de lucha. UNA COMUNA PARA PODER FUNCIONAR HA DE ESTAR ARMADA. Es decir, debe poder y saber defenderse de todos los ataques, tanto internos como externos que inevitablemente le serán dirigidos por cuanto constituye una célula diferente de la norma.
Defenderse de manera radical de los ataques externos: represión, marginación, crítica ideológica por parte de los comunistas y socialistas integrados, invasiones de todo tipo por parte de gente colgada y sin rumbo o de temporales dispuestos a reintegrarse más tarde [en el sistema], de burgueses mirones e inactivos y de empreñadores varios. Defenderse también de manera radical de los problemas internos, dándose los instrumentos de confrontación con el resto del mundo y de crecimiento colectivo con los compañeros con los que se ha decidido la convivencia común. Las reuniones comunitarias de autocrítica, la autoconsciencia, de discusión y de solución de los problemas, la rotación de las tareas y de las cosas que molestan y que cansa hacerlas, saltadas muy a la torera en las últimas experiencias comunitarias, con argumentaciones a favor de la espontaneidad o en nombre de una utopía armónica entre individuos, en realidad fuertemente condicionados por una educación y un ambiente externo hostil a la solidaridad.
COMUNA ARMADA NO SIGNIFICA UNICAMENTE EN POSESION DE ARMAS, ARMADA SIGNIFICA SER COMPETITIVA CON EL CAPITAL EN CALIDAD DE VIDA, significa ser polo de agregación (unión con las fuerzas sociales del lugar en el que existe), significa que sus miembros son una unidad de guerrilleros desencadenados contra el capital y el autoritarismo de todos los Estados, capaces de formular y de sostener en la práctica, modos alternativos de resolución de los problemas cotidianos. Desde el "cómo comer" hasta saber organizar circuitos campo-ciudad, cooperativas de trabajo, cooperativas de consumo, intercambios de experiencias, dinámica de discusión con campesinos y trabajadores. Desde saber hacer un gallinero hasta saber afrontar y resolver, sin esconderlas, las eventuales contradicciones internas y las tensiones personales y emocionales del grupo. Desde autogestionar cuerpo y cabeza hasta limpiar el W.C. y lavar los platos dejando ya de esperar a que alguien nos haga de criada para todo, y hasta enseñar a los niños todos los trabajos domésticos.
Significa, sobre todo, que los miembros de una comuna estén acorazados, vacunados, en posesión de los primeros rudimentos de autodefensa práctica y psicológica para resolver las tensiones interpersonales que se creen en su interior y que nosotros, pequeños-burgueses, arrastramos, hasta que decidimos liberamos de ellas.
Igualdad en las relaciones e igualdad sexual
En una comuna no deben existir líderes, pequeños jefes ni machos chauvinistas. La comuna constituye una leccióri solidaria y alternativa, de base. Al fundar una comuna debe existir un cierto equilibrio de madurez entre los componentes. Una comuna no es una experiencia maravillosa y salvadora por el simple hecho de ser comuna. Exije un determinado grado de reflexión y madurez, no se puede caer en el espontaneísmo facilón de "entre todos lo haremos todo", porque esto no funciona. Hay que ir a la comuna con una cierta dosis de esceptibilidad y a la vez con la suficiente fe y fuerza como para superar las circunstancias hostiles.
Hay que evitar los maximalismos, los dogmatismos y las situaciones imposibles. El primer y fundamental equilibrio ha de buscarse en la igualdad no sólo de necesidades y deseos, sino también sexual. Será difícil para una mujer o para un gay vivir en un ambiente machista. Será también difícil compartir el espacio con una única pareja, ya que la pareja es siempre un centro de poder. Su poder se mengua en todo caso cuando se le enfrenta con otra pareja; en cualquier caso, sería siempre predominante en sus relaciones con los demás. Las comunas formadas por un híbrido de compañeros intelectuales de origen burgués y de compañeros más pragmáticos de origen proletario pueden dar lugar a notables combinaciones de intercambio, pero también corren el peligro de poner nuevamente en evidencia una división de las tareas en la que los teóricos dirigentes se afirmen sobre los trabajadores manuales.
Caja común y asignación de dinero
Cuando se decide que no hay que dejarse llevar por las alquimias individuales de una convivencia, sino que se quiere vivir una verdadera experiencia de comuna, hay que poner enseguida en claro y decidir cómo se piensa hacer funcionar la comuna. Si ésta debe ser una pequeña célula autosuficiente con actividades comunes (más fácil en el campo) o bien si es un lugar donde viven varios compañeros que desarrollan actividades distintas o trabajos externos, pero que tienen muchas cosas en común. Hay que resolver los problemas de relación con otras comunas., y en un marco alternativo, intentar conectar o favorecer, las cooperativas, bien sea para comprar alimentos, ya sea para venderlos. También hay que decidir cómo se piensa afrontar la situación económica: en algunos casos todo el dinero se pone en una caja común y cada uno coge lo que necesita. Esto implica evidentemente un gran sentido de la responsabilidad para evitar "buitres" y "víctimas". Funciona cuando las relaciones de la comuna son estrechas y felices. Por el contrario, si se está en la fase de aprendizaje hará evitar jaleos el repartir el dinero en sobres, uno para el alquiler, otro para la comida... y dejar el resto para los gastos comunes o individuales y ver qué tal funciona la historia. En cualquier caso es importante colectivizar progresivamente el dinero.
Uno de los problemas básicos de todas las comunas es el problema económico. ¿De dónde sacar las pelas para instalarse en el campo o para alquilar un piso grande en la ciudad? Muchos grupos, los que se plantean la experiencia como una auténtica alternativa, ahorran durante bastante tiempo hasta haber conseguido acumular lo suficiente. En estos momentos conozco como mínimo veinte grupos que se encuentran en este estado. La mayoría, de Madrid. y creo que, a la larga, este período es muy importante, pues no sólo sirve para ahorrar , sino que en él vas madurando la idea.
Rotación de trabajos y trabajos colectivos
Soluciones muy buenas, pero más bien utópicas porque implican un altísimo nivel de conciencia, son aquéllas en las que ni el dinero ni los trabajos están sometidos a reglas precisas o a turnos, de manera que si alguien quiere tomar el sol durante una semana mientras los demás trabajan, puede hacerlo, o si alguien no lava nunca los platos es porque cocina más a menudo que los demás o porque realiza trabajos considerados "desagradables" en nuestra consciencia separada de los gestos y de su valor.
Pero a veces si no se deciden turnos elásticos y justos para todos se cae en el más negro de los desórdenes, o bien algunos compañeros hasta que la situación explote, cumplen el papel de "padres y madres" de los demás. y los que no soportan la suciedad limpian para los "hipócritas" que encuentran motivos existenciales- antiburgueses del tipo: "la suciedad es liberatoria" o "a mí ya me va bien así". Y ocultan su pereza y su antisocialismo. A estos tipos es conveniente echarles enseguida porque han pasado los tiempos contraculturales en los que jauja, la evasión y el psicodelismo justificaban en gran parte el movimiento comunal. La comuna, en cuanto alternativa social, tiene un fondo político trascendental y ya he dicho que los comuneros deben ser guerrilleros, deben ofrecer una alternativa práctica y viable al capital. A la vagancia y al reformismo intelectual hay que echarlos por la vía rápida y darles con la puerta en las narices.
La elección de establecer una rotación de tareas, o de hacer "turnos" (odiados porque recuerdan imposiones familiares). Pero hay que tener en cuenta que una comuna no debe suponer una reacción a la barbarie burguesa sino un compromiso de alternativa "individual y social". Una comuna es una elección autónoma y colectiva de dinámica para llegar a la armonía. Los turnos no tienen que ser stalinistas ni draconianos, sino elásticos, según aptitudes-necesidades de cada uno y pueden variar a medida que los estados anímicos de los individuos cambian o se alteran. Comunidad es también amistad y en "amistad" estos problemas tienen siempre solución adecuada. A través de los turnos te das cuenta de la entrega que requiere el hacer una cierta cosa, del aprendizaje al ejecutarla ya aprender a hacerla, poniendo un poco de arte. Todo tiene su magia, su arte y el arte no es mercancía ni producto, arte es ante todo vida. Si al recoger las basuras o al limpiar los waters pones una cierta sensibilidad, conviertes el acto en arte. Es la única manera de superar "las funciones: roles". Aprender a cocinar, a cuidar el huerto, a sembrar a arreglar los muebles y los aparatos domésticos. No limitarse, no profesionalizarse en nada concreto. Aprender todos los oficios, tener conocimientos en todos los ramos para comprender la totalidad humana y desarrollarla en una cosmología de conjunto. Ni burocratización comunista ni profesionalidad capitalista. El hecho de que todos nos demos cuenta y tomemos consciencia de los gestos necesarios para nuestro cuerpo, nuestra vida y nuestra evolución estimula la creación, la invención de soluciones sencillas y prácticas, divertidas, no alienatorias y en cualquier caso útiles, además alumbra la solidaridad y el trabajo en común.
Por ejemplo, el problema de lavar los platos y recoger la mesa ilustra de manera óptima el problema del trabajo en común. Contra las pilas e platos que se acumulan basta un mínimo de conciencia colectiva: que cada uno se lave los suyos, tomando consciencia de cada gesto, sin partir de la hipótesis de que el plato se lava sólo porque una "mama " lo hace voluntariamente -para resolver el problema del desorden. El uno puede lavar, el otro recoger el mantel, el de más allá barrer el suelo... descubriendo que el trabajar juntos produce ritmo-felicidad-realización. El ejemplo de los platos es claramente real y simbólico. Necesitamos un criterio comunitario a seguir para evitar que triunfen los desórdenes, los individualismos.
La discusión de los platos hará seguramente sonreir a cualquier burgués mirón o a cualquier stalinista: en realidad es una contradicción aparentemente ridícula pero que sintetiza la división de los roles hombre-mujer, la esclavización de quién es más débil o más dispuesto. Lavar los platos da un poco de asco y está mal considerado en la escala de valores de la burguesía. La responsabilidad de este trabajo es impuesta por la burguesía a la clase explotada, a la mujer-esposa-madre explotada, con lo que una vez más se pone de manifiesto el machismo de la sociedad autoritaria. Una máquina (lavaplatos) es un buen invento de la sociedad capitalista, pero escurre el problema, además una máquina nunca provoca alicientes: ¿Quién mete los platos en el lavaplatos en la familia burguesa e incluso en las comunas elitistas? la mujer, claro. Es gracioso advertir que es precisamente en las comunas de homosexuales en donde existe más armonía para los trabajos de esta índole, es decir para los traba,ios domésticos, y está prácticamente demostrado que muchos de los fracasos comunitarios vienen determinados por culpa del fracaso en estos terrenos. El machismo es una de las consideraciones que hay que tener en cuenta.
Reuniones comunitarias
Muchas comunas, especialmente las grandes, realizan reuniones periódicas para "verificarse" y autocontrolarse, ya sea por lo que se refiere a la vida económica, o a turnos de .trabajo, ya sea por lo que se refiere a los conflictos internos. Otras comunas, o mejor convivencias, se fían de la amistad y de la espontaneidad y se niegan a hacer reuniones prefijadas. Aparte del hecho de esta solución más individual y utópica, puede funcionar en comunidades o convivencias de pocas personas, hay que tener en cuenta que nadie nos ha enseñado jamás a hacer autocrítica y que todos tenemos miedo a nuestra agresividad o a exponer cosas que no van, de manera que las tensiones se van acumulando hasta que explotan de verdad en modo agresivo-negativo causando incomprensiones y traumas. Cuando se deciden las reuniones, ocurre que, cuando hay algún problema con alguien o con un grupo, se registran muy fácilmente fugas o ausencia. Pero los que están presentes y discuten el problema encuentran la manera, aunque sea bromeando, de afrontar en su momento a los que no han venido, por miedo inconsciente de castigos paternos y maternos que evidentemente en la comuna no deben existir.
Es verdad que las reuniones presentan el riesgo clásico del asambleísmo: es decir que hay quien "lideriza" porque tiene mayores capacidades de convicción o de discurso, quien se calla porque tiene otros modos de expresarse, o tiempos verbales más leritos. Pero también en este caso es suficiente que la comuna tenga tendencia al círculo, dejando espacio y tiempo a todos para hablar , haciendo girar la discusión en CIRCULO, en lugar de dejar que las intervenciones sean libres, convirtiéndose entonces demasiado a menudo en aburridos-competitivos-e-inútiles ping-pongs o shows entre algunas personas.
Los líderes, los que detentan poder, cualquiera que sea el campo en el cual éste se verifique, han de ser "desmontados", puestos en crisis, convencidos -si son compañeros honestos- para que abandonen su poder estéril y tomen su propia parte de felicidad y se hagan dueños de sí mismos. Esto se les puede hacer entender adoptando una actitud no competitiva y no malévola en nuestras relaciones con ellos, sin buscar otro ángulo de toma de poder, recordando, como buenos marxistas, que son las circunstancias las que producen este tipo de actitudes, aburridos y negativas, pero que pueden ser fácilmente puestas a discusión si existe en todos, incluso en los que tienen tendencia a querer destacar, el deseo de no quitar espacio a los demás. El problema de los líderes por otra parte se resuelve a partir del momento en que TODOS toman realmente parte y responsabilidad, del proceso que se ha abierto, de la trascendencia a escala individual y social que supone tal proceso. Aunque por falta de organización externa parezca que una comuna esté aislada, esto no es cierto, la comuna es una alternativa importantísima y trascendental para el cambio social. Hay que desindividualizar los procesos de las comunas en este sentido e introducirlos en la esfera revolucionaria de la ANARQUIA INTEGRAL O DEL COMUNISMO LIBERTARIO.
Contra los jefes y jefecillos
Los más peligrosos son los que con su poder personal o económico mantienen agrupadas falsas comunas en las cuales los demás miembros se encuentran en posición subordinada o de dependencia, que aceptan inconscientemente o conscientemente por falta de valor y de autonomía personal. Hay que tener siempre presente que en una sociedad capitalista el mayor centro de poder es siempre el económico. Por lo tanto es importante que cuando se produzca una situación en la que uno de los miembros de una comuna haya comprado las tierras o sea propietario de la casa, esta situación se equilibre lo antes posible a través de la dinámica colectiva, colectivizando la tierra y el dinero. Un poco menos peligroso, aunque sí asfixiantes, son los jefecitos culturales superteóricos comunitarios, que se aprovechan de su dialéctica para crearse posiciones de privilegio en las cuales no mueven un dedo para las cosas prácticas y se apropian de cara al exterior, de todo lo positivo que ocurre en la comuna como si fuera mérito de ellos solamente. En el caso de los que presentan un comportamiento pesado o marginan a los compañeros menos cultos, se impone la denuncia pública y la expulsión.
Contrainvasores y comuneros de domingo
Cuando una comuna empieza a funcionar es inevitable que tenga que defenderse contra un montón de invasores, provocadores, huéspedes paranoicos y comuneros de fin de semana, menores furtivos y sus padres o tías que los persiguen, y tipos de toda clase, extraños y desesperados, que buscan la comuna como mero escapismo y son como los perros que han olfateado una buena presa. Han pasado los tiempos de las comunas abiertas a todos y a todo con el convencimiento de que se puede llegar a gestionar cualquier situación. Las comunas contraculturales han fracasado en gran parte por culpa de este tipo de problemas. La comuna armada ha de saber ante todo cómo defender su territorio. Incluso en el caso de grandes comunas o convivencias, tipo casas ocupadas o centros juveniles, se ha comprobado gracias a la experiencia, que tiene que haber una cierta vigilancia por parte de todos, sobre quién entra y quién sale y la admisión a convivir debe ser subordinada a la aceptación y al respeto de las reglas comunitarias. Hay que evitar a toda costa la dispersión de la expenencia y muy especialmente en los primeros momentos. Hay que evitar también las infiltraciones de guerrilleros de la extrema derecha y de policías camuflados.
Los consumidores de la felicidad
Hay algo inherente a la búsqueda de relaciones humanas: se espera que den felicidad. Pero se espera una felicidad ya confeccionada, tipo tortel de nata, que podamos consumir sin aportar nada. La comuna no es una palabra mágica, vas allí y ya está. No. Por esto cuando una comuna funciona y ha superado los primeros tragos, de inmediato atrae una avalancha de gente que por más que ve la experiencia, es incapaz luego de crear otras comunas y ni siquiera cuando está de paso logra aportar nada o en todo caso lo que aporta es pasivo y negativo. Son demasiados los compañeros que viven con su "mama" y van a fumarse un porro con sus amigos comuneros. Hay demasiados freaks chalados que se dedican a buscar la felicidad fumando y viviendo a costa de los demás, que invaden espacios comuneros durante una temporada y que después se largan sin haberse preocupado, ni tomado conciencia de las exigencias y de la realidad de quien lo ha hospedado sin comprometerse siquiera en actividades y responsabilidades comunitarias, no han fundado jamás situaciones alternativas, y después de años y de meses han buscado salidas desesperadas (heroína, robos, misticismos negros, paranoias de diferentes índoles). La comuna no es una casa de caridad que alberga a cualquier perdido porque se autoproclame contestatario, freak, anarco o pasón. La comuna exige una coherencia práctica que es mucho más difícil que la teórica, supone unas exigencias concretas y una responsabilidad social.
En resumen: no tengáis miedo de decir NO a alguien, no tengáis miedo de responder a la violencia con la justa violencia. Tenemos el deber de defender nuestra felicidad, nuestro desarrollo y nuestra alternativa. "Las ideologías son libertades mientras se crean, opresión cuando están creadas". Si las contraculturales fueron engendros maravillosos en los que todo era posible y todos encontraban un sitio para hacer su rollo, en 1as comunas armadas no puede ser así porque con estos presupuestos no funciona, hemos aprendido y nuestra ideología sigue evolucionando. Para negar a la espontaneidad primero hay que haber barrido de la mente la mierda burguesa y capitalista, por tanto la experiencia requiere una concordancia con los presupuestos y los fines. Y estos exigen una toma de postura radical y constante, caer en un falso espontaneísmo o en un misticismo cristiano de que todos somos buenos y todos juntos lo haremos todo y que debemos estar abiertos a cualquier persona por el mero hecho de ser un humano, es una falacia que no funciona, todo lo más es una argumentación que cuando se practica acaba destruyendo los logros de las comunidades más radicales y la convierte en una desmadrada casa de curas, en una horrenda casa de neurastenias sin dinámica y sin coherencia, y lo que es peor, sin alternativa. Y cae, cae porque los miembros poco a poco se agobian y no pueden aguantar el proceso de autodestrucción. Y te quemas y te retuerces nuevamente pero esta vez con un sabor mucho más amargo porque aquello en lo que habías puesto fuerzas e ilusiones y que habías presupuestado que iba a favor tuyo, ha fracasado. La comuna se dispersa y se disuelve. Y al rollo porro y tiro porque me toca.
Crear circuitos de trabajo alternativo
Muchas comunas optan por la total autosuficiencia e intentan organizar trabajos alternativos. La discusión, es más, el deseo de poder hacer un trabajo en la comuna, ha resultado ser una utopía, al menos en la ciudad. En el campo es más fácil realizar actividades comunes, agrícolas y artesanales. De todos modos, tanto en el campo como en la ciudad, el trabajo alternativo funcionará sólo si hay organización, creación de circuitos campo-ciudad. Es evidente que una alternativa real consiste en crear cooperativas de trabajo en las cuales podamos reapropiarnos de espacios de no-alienación dándonos ritmo, tiempos, modos de trabajo nuevos y creativos, aparte de conseguir el dinero para vivir. Con relación a todo esto se puede decir por ejemplo que la actividad artesanal ha resultado ser un inmenso fraude que tan sólo sirve para incrementar "un consumismo alternativo falso", tan sólo ha hecho incrementar el consumo y basta. Las tiendas de cosas usadas que han invadido los barrios viejos de las ciudades, aunque en la mayoría de los casos estén llevadas por compañeros, son una triste y pobre copia de las boutiques de los barrios ricos. Los freaks y los alternativos no han sabido organizarse de manera eficiente y han sido utilizados por los empresarios progres que han sabido crear nuevas cadenas comerciales, tan capitalistas como las otras, y tan sólo los han utilizado como mano de obra barata. No existen espacios o tiendas donde no triunfe exclusivamente la relación de venta, la exigencia de hacer mucho dinero. En las Ramblas barcelonesas donde últimamente aparecieron gran cantidad de vendedores ambulantes, la mayoría freaks, el espacio urbano se ha convertido en un mercado de mercancías que en la mayoría de los casos no llegan a ser ni siquiera artesanía.
Algunos le apodan el "nuevo corte inglés de la democracia".
A pesar de todo, se discute bastante sobre la posibilidad de organizar en los barrios obreros cooperativas de consumo que estuviesen coordinadas con las comunas rurales. Sin duda con ello se daría un gran paso. Los productos del campo llegarían sin contaminar a la ciudad, serían naturales. También estas cooperativas podrían vender vestidos, artesanía, objetos de decoración, muebles, lámparas... En el movimiento de reapropiación de la vida puede existir condicionado ya que la autosuficiencia total con relación al capital se obtendrá únicamente luchando colectivamente contra la explotación y aboliendo el capital.
(O lo que ampliamente suele denominarse “educación” o “formación”)
Breve análisis contextualizador por letra de Enzo Rullani. (1)
“¿Por qué hablamos hoy día de capitalismo cognitivo? En la plétora de discursos sobre la economía del conocimiento, por lo general se deja de lado la cuestión más importante, a saber: por qué hoy día sentimos la necesidad de unir la producción de valor económico a la producción de conocimiento. Por qué esta necesidad emerge con fuerza ahora en vez de hace diez o veinte años.
La unión de economía y conocimiento no es una novedad. Esta unión existe, y tiene mucha consistencia desde que, con la revolución industrial, la producción comenzara a utilizar máquinas (es decir, la ciencia y la tecnología incorporadas a las máquinas); después, con Taylor, a organizar científicamente el trabajo. Toda la historia del capitalismo industrial, durante sus dos siglos de existencia, es la historia de la extensión progresiva de las capacidades de previsión, de programación y de cálculo de los comportamientos económicos y sociales a través de la utilización del conocimiento. El «motor» de acumulación del capital ha sido puesto a punto por el positivismo científico, que ha recogido, en el último siglo, la herencia de las Luces, y que ha inscrito el saber en la reproducibilidad.”
Es decir, hoy día el trabajo realizado en un sistema industrial avanzado es esencialmente trabajo cognitivo, en el sentido de que se emplea el cerebro del trabajador para controlar las máquinas y los hombres, para resolver problemas, para comunicar y ejercer otras actividades cognitivas. Con la llegada de la mecanización, la contribución del hombre a la producción en términos de gasto de energía muscular se ha hecho ínfima, puesto que, con la mecanización, todas las operaciones energy intensives son ejecutadas utilizando «energía artificial» obtenida –gracias al trabajo cognitivo– de la naturaleza (carbón, petróleo, etc.). Por tanto, hoy día todo el trabajo, quitando algunas excepciones, es trabajo cognitivo.
“En el curso de los dos últimos siglos, el conocimiento ha jugado su papel en la objetivación del mundo, adaptando la naturaleza y los hombres a la producción. No ha llegado hasta el final. Sin embargo, en este proceso el conocimiento se convierte en parte integrante del desarrollo industrial, con las máquinas, los mercados y el cálculo económico. Así, en el capitalismo moderno el conocimiento se ha convertido en un factor necesario, tanto como el trabajo y el capital. Se trata, para ser más exactos, de un factor intermediario. Un poco como la máquina, el conocimiento «acumula» el valor del trabajo (y otros factores productivos) empleado para producirlo. A su vez, el conocimiento entra en la producción gobernando las máquinas, administrando los procesos y generando la utilidad para el consumidor. En el circuito productivo del capitalismo industrial, el trabajo genera el conocimiento y, el conocimiento, a su vez, genera el valor. De este modo el capital, para valorizarse, no debe solamente «subsumir» (siguiendo los términos marxistas) el «trabajo vivo», sino también el conocimiento que genera y que pone en el circuito. Esas son justamente las dificultades de esta «subsunción», que impiden reducir de manera simple el conocimiento a capital y que, en consecuencia, dan su sentido a la idea de capitalismo cognitivo.
En efecto:
1) En el circuito productivo del valor, el conocimiento constituye un mediador muy poco dócil, ya que la valorización de los conocimientos responde a leyes muy particulares. Estas leyes difieren profundamente de las imaginadas por el pensamiento liberal o marxista en sus teorías respectivas del valor. Por consiguiente, el capitalismo cognitivo funciona de manera diferente del capitalismo a secas [tout court];
2) Esta diferencia, que ha existido siempre, emerge hoy día y es fácilmente reconocible en el hecho de que los procesos de virtualización separan el conocimiento de su soporte material y lo vuelven [re]producible, cambiable, utilizable de manera distinta, tanto el capital como el trabajo que se ha empleado para producirlo. El posfordismo, que utiliza frecuentemente el conocimiento virtualizado, se revela completamente incomprensible en la ausencia de una teoría del capitalismo cognitivo;
3) La valorización del conocimiento, sobre todo cuando es utilizado de forma virtual, genera toda una serie de mismatching (incoherencias) en el circuito de la valorización. El proceso de transformación del conocimiento en valor no es, así, lineal y estable en el tiempo. Al contrario, implica la inestabilidad, puntos de discontinuidad, catástrofes, una multiplicidad de caminos posibles. Es justamente al situarnos en un punto de vista posfordista cuando los obstáculos reencontrados por la valorización del conocimiento ponen al descubierto espacios de «crisis». Entretanto, es en estos espacios, que son también espacios de libertad, donde pueden insertarse soluciones nuevas y transformaciones institucionales originales.“
A modo de ejemplo, en la «nueva economía» de Internet, la lógica de los multiplicadores ligada a la difusión induce a los propietarios a favorecer, por todos los medios, la adopción de sus propios sistemas y standards: las licencias de uso son cedidas de forma holgada, y la difusión de «clones» es admitida por la capa más baja del mercado. Versiones beta, casi definitivas, son igualmente puestas en circulación (programas cedidos de manera gratuita «a modo de prueba»). Se extiende la formación de las personas por estos programas. Del mismo modo, se deja telecargar gratuitamente el software desde su propio sitio, y se cede de forma casi gratuita paquetes de software con la compra de ordenadores, de libros, de servicios, etc. La lógica propietaria no ha desaparecido, pero ella debe subordinarse a la lógica de la difusión. Hay que encontrar el modo de apropiarse del valor «en velocidad» sin restringir la difusión (ver el resultado de la lucha concurrencial que han opuesto a Microsoft y Apple en el dominio de los sistemas de explotación para PC).
“Economía de la velocidad. El valor de los actos cognitivos, que es garantía para esta forma de escasez artificial, tiende estructuralmente a menguar con el tiempo. Los valores económicos están inscritos en el tiempo y varían con él. En este sentido, la economía del conocimiento es una economía de la velocidad: los valores no son stocks que se conservan en el tiempo, ellos decrecen con el aumento de la velocidad de los procesos. Para poder extraer del valor conocimientos es necesario entonces acelerar el uso para su mayor difusión posible. Al mismo tiempo, a menudo en razón misma de su difusión, el conocimiento es socializado. Es decir, que deviene patrimonio común a los concurrentes y a los usuarios potenciales, conforme van cayendo las barreras que limitan su acceso. Difusión y socialización son dos procesos paralelos. Sin embargo, el propietario (o el poseedor) del conocimiento debe mantenerlos apartados, acelerando el primero y ralentizando el segundo. El valor disponible para los productores depende, entonces, en cada momento, del gap que llegan a mantener entre la velocidad de la difusión y la de la socialización. El poder contractual (sustituabilidad) de las diferentes partes y de los diferentes factores determina, a través de los precios de los conocimientos intercambiados en los mercados «intermediarios», la distribución del valor disponible entre empresas, de una parte, y entre factores, de otra.” (2)
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Las formas de teorizar sobre “educación”, como también los intentos prácticos de ejercer la función de “educador”, han variado en su mutua insidencia o interferencia a lo largo del tiempo, en estos últimos años esta relación se esta viendo inclinada, a velocidades vertiginosas, a favorecer las prácticas por sobre las teorias, provocando una consecuente aceleración de teorias dispuestas a comprenderlas para tratar de anticiparlas, gran motivo de ello han sido las nuevas tecnologías, capaces de llevar la información (o datos o impulsos eléctricos u ondas satelitales etc., base cuantitativa-material, podriamos decir, del objeto transportado por las “nuevas tecnologías” y luego debenido texto, música, mapas, fotos, peliculas, etc.) a cualquier lugar del mundo y a costos cada vez más bajos en lo referente al transporte material del objeto debenido información, llegando hasta casi el punto de costo cero, debiéndose costear solo la herramienta de difusión y socialización, una computadora por ejemplo, el costo de energía eléctrica que demanda, y si se quiere imprimir algo, la tinta de las impresoras hogareñas que imprimen o el cd donde se quiera grabar música, una película, un texto, etc.
“La aparición repentina de la computadora personal, a principios de la década de los ochenta, puede parecer un accidente histórico; no corresponde a ninguna necesidad económica y es inexplicable si se dejan a un lado consideraciones como los avances en la regulación de las corrientes débiles y el grabado fino del silicio. Inesperadamente, empleados y ejecutivos de nivel medio se encontraron en posesión de una poderosa herramienta, de fácil uso, que les permitía recuperar el control –de hecho, si no de derecho– de los principales elementos de su trabajo. Durante varios años se libró una lucha sorda y poco conocida entre las empresas de informática y los usuarios "de base", a veces respaldados por equipos de informáticos apasionados. Lo más sorprendente es que poco a poco, tomando conciencia del costo y de la baja eficacia de la macroinformática, mientras que la producción en serie permitía la aparición de materiales y de programas burocráticos fiables y baratos, las empresas se pasaron al campo de la microinformática.” (3)
Esto muestra el avance de las tecnologías que permiten armar cuasi estudios, editoriales, casas de diseño o grabadoras en los hogares particulares de los hasta ahora “consumidores finales” del conocimiento / información, y que gracias a esta circulación de datos y a la posibilidad de producción material que los PCs les ofrecen, pueden franquear muy fácilmente la linea entre consumidores y productores del conocimiento.
Sumado todo esto a la posibilidad posterior de difusión de su material al mundo a través de Internet y sin costo alguno más que el mencionado anteriormente, que no es poco, y que dará la pauta de toda la economía y la cultura de una comunidad.
Ahora bien, situándonos en un país de cómoda economía o en países tercermundistas como el nuestro pero en las clases económicas medianamente liberadas de las necesidades primarias, desembocamos en la responsabilidad subjetiva sobre la continua producción del conocimiento, es decir, dados los materiales básicos de producción, distribución y socialización del conocimiento (cabe aclarar, aunque se deja interpretar, que esta categoría de “conocimiento” es usada aquí de una amplia manera, abarcando tanto el conocimiento y la producción científica, como artística, filosófica, literaria etc.) entonces deciamos que dado el mayor acceso a los materiales básicos de producción, depende, en consecuencia, cada vez más de los sujetos situarse como pasivos consumidores o como activos productores, e incluso dentro de que categoría o estilo de productores y consumidores.
Tanto es así que un grupo de “trabajadores” del arte, en la redefinición de sus “prácticas” propone como primer punto:
1. No somos artistas, tampoco por supuesto «críticos». Somos productores,
gente que produce. Tampoco somos autores, pensamos que cualquier idea de
autoría ha quedado desbordada por la lógica de circulación de las ideas en
las sociedades contemporáneas. Incluso cuando nos auto-describimos como
productores sentimos la necesidad de hacer una puntualización: somos
productores, sí, pero también productos.
Nuestro propio trabajo, la actividad que lo concreta, es en realidad el que
nos produce. Quizás incluso podríamos decir que nuestro trabajo tiene que
ver básicamente con la producción de gente, gente como nosotros. No
preexistimos (nadie preexiste) en punto alguno a esa producción. La cuestión
de la identidad del autor o su condición es una cuestión definitivamente
trasnochada. Nadie es autor: todo productor es una sociedad anónima -incluso
diríamos: el producto de una sociedad anónima. (4)
Si leemos y re-leemos este punto que precede y lo aplicamos con rigor a un cada vez mayor campo de actuación y no solamente a los “trabajadores” del arte, estaremos en camino de registrar un análisis exacto de la situación social que se vivencia actualmente en el campo del intercambio de información, además que participando en este, y por tanto construyéndolo y re-construyéndolo, haciéndonos a partir de nuestras “prácticas”.
En el terreno de la educación tradicional (estudios secundarios, terciarios, de grado y pos-grado) se evidencia en la cada vez mayor cantidad de cursos a distancia mediatizados por el PC y a través de Internet, lo mismo ocurre con la literatura, el cine, la música, los periódicos informativos, las radios, las bibliotecas, etc.
Y si sumamos a esto los distintos modos que conviven en cuanto a la forma de difundir y socializar todos estos conocimientos, tendremos una pequeña imagen en nuestras cabezas acerca de la innegable incidencia de la tecnología en lo que se entiende tradicionalmente por “educación”.
Internet, herramienta fundamentel para que todo esto se pudiera concretar, ha creado toda una nueva forma de concebir el mundo de la información y la socialización de esta, a la vez que ha creado las herramientas para hacerlo, y las conciencias para permitirlo.
El principal motivo de esto, creo, es la posibilidad que brinda de crear espacios donde la información viaje de forma no jerárquicamente organizada, la red misma está creada de esta manera, por lo tanto es plausible pensar que los modelos que emanen de esta serán, cada vez en mayor medida, réplicas de la red, de su estructura, lo que nos hace reflexionar acerca de los sistemas como principales responsables de los estilos que crean, reproducciones de las estructuras de estos mismos sistemas que los conciben.
Si queremos modos de socialización de la información convertida en conocimiento, y por tanto convertida en valor y desde el valor, más democráticos y horizontales, para que estos puedan brindar posibles herramientas con fines de crear ambientes de trabajo libres y abiertos a la reflexión y la crítica constante, elementos mínimos indispensables en la ciencia, el arte, la educación; deberemos reconocer sobre qué tipo de estructura de sistema están creados, ya que ésta será la “mátrix” a partir de la cual se clonaran y reproducirán todos los subsistemas prácticos para cada área específica, creando mundos a “su imagen y semejanza”.
Una serie de descubrimientos hechos en los últimos cuatro años permiten entender mucho mejor cómo funcionan las redes y, sobre todo, cuál es su topología. El primer punto notable es que la topología (la rama de la matemática que estudia las “formas” y sus relaciones con el espacio) de las redes siempre es la misma, explicó Albert-László Barabási, profesor de física en la Universidad de Notre Dame y autor de un libro de reciente publicación: Linked, The New Science of Networks (Enlazados, la nueva ciencia de las redes). Además de los nodos y enlaces, existen los agrupamientos de nodos (cluster, racimos) y la existencia de un pequeño número de nodos con un enorme número de enlaces a otros nodos (los hubs, cubos).
Todo sistema complejo tiene una estructura en red.
"Las redes son la nueva geometría del mundo moderno. De alguna manera, entender las redes se ha vuelto la disciplina que la ciencia de la cartografía fue hace siglos".
En este mismo sentido de “emergencia de necesidades nuevas” para la ciencia o, digamos mejor, para el mundo, surgen diferentes especialidades, o especializaciones para el caso de materias ya en curso, y diferentes funciones específicas para las personas - que formen parte y se sientan responsables de determinados ámbitos educativos, laborales, recreativos, etc.- como son por ejemplo el psicólogo, el médico, el filósofo, abogado, artista, escritor y cualquier persona que forme parte de espacios sociales con determinado fin como son las organizaciones, instituciones, asambleas, comunidades, el mundo.
Una de estas nuevas funciones a desarrollar, siguiendo el lineamiento descrito en este trabajo, sería la de portador-socializador de un discurso que posibilite la construcción de espacios tejidos en red, cooperativos, horizontales, participativos, que promuevan el diálogo entre sus integrantes, sería una función de “construcción de discursos”, tales que transmitan la estructura de la “matrix”, para entonces poder facilitar al mismo tiempo que su construcción, su sostenimiento y ampliación, entendiendo como tal, su mayor capacidad de establecer conexiones con otras redes, comunidades, organizaciones, instituciones.
Es en este sentido que fue estructurado este escrito, al mismo tiempo que una recolección de información, ordenada bajo una determinada coherencia y con un trabajo de análisis de la misma, también una herramienta de transmisión-socialización y puesta en práctica de la función.
(1) Enzo Rullani. Economista, profesor en la Universidad de Venecia, miembro de las revistas Economia e Politica Industriale, Pluriverso, Estato e Mercato, y de Economia e Societa Regionale. Sus trabajos de investigación versan sobre el papel del conocimiento en el posfordismo. Ha publicado: Dal fordismo realizzato al postfordismo possibile: la dificile transizione, en Rullani & Romano, Il postfordismo, Idee per il capitalismo prossimo venturo, Etaslibri, 1998; La conoscenza come forza produttiva: anatomia del postfordismo, en Cillario & Finelli, Capitalismo e conoscenza. L'astrazione del lavoro nell'era telematica, Manifestolibri, 1998.
(2) Publicado en el número 2 de Multitudes. Traducción de Beñat Baltza
(3) Michel Houellebecq. Publicado el 30 de junio de 2002 en el suplemento "La Jornada Semanal" del periódico mexicano La Jornada. Traducción: Encarna Castejón
(4) Redefinición de las prácticas artísticas ( lsa 47 ) “la société anonyme”
maximiliano perinetti
Maximiliano Perinetti.
Seguir indagando el concepto de ética es quizá la forma recurrente de buscar en nuestro acto algo del real que se nos escapa, en esta tarea me encuentro.
Ahora bien, podríamos decir que la ética es más una disciplina que un concepto, como podría ser el de libertad por ejemplo, el cual, a pesar de ser difícil o imposible de circunscribir a una totalidad de criterio, no se autodetermina como modelo a seguir para conseguir su fin.
En todo caso, cada uno podrá sentirse libre como resultado de usar otras herramientas para conseguir este estado, pero no se puede ejercer la libertad misma como método para conseguirla, puesto que si lo que se desea es llegar a este estado, es porque se esta privado de él, aunque sea según el criterio de cada uno.
Creo que no elegí el mejor término para ejemplificar o, en realidad, creo que tendría que generalizar el sentido que le daré al concepto de ética a todos los conceptos plausibles de transformarse en herramientas de acción, quiero decir que el mejor camino para conseguir determinado estado subjetivo y social es transformando el adjetivo en verbo, ejerciéndolo. Valga entonces la extensión y en todo caso que sirva el fallido ejemplo como ejercicio de pensamiento que nos introduce de lleno en la estructura de lo que sigue.
Como decía, la ética como concepto, encierra el uso de esta misma herramienta para conseguir resultados éticos en la práctica, entonces pasa a formalizarse como una disciplina más que como un concepto del que cada uno puede servirse a su antojo.
Tendremos que enfocar entonces, dada nuestra posición teórica, esta disciplina siguiendo los mismos criterios que usamos en psicoanálisis cuando lo tomamos como disciplina además de cómo teoría.
Es decir, una disciplina que cuenta con una parte práctica, una teorización sobre esta práctica y una evaluación por parte de comités.
Esto se debe a que la ética, como otras disciplinas, es un proceso de continua construcción social, producto y producción.
Pongamos un ejemplo casuístico, un sujeto acusado de un delito que no cometió se ve privado de su libertad por la fuerza, se le propone que declare en contra de un delincuente que, si bien es de mal vivir, tampoco ha cometido el acto por el cual a él se lo acusa.
Tenemos aquí una clara división entre el estado de libertad, que puede ser usurpado por la fuerza, y el análisis ético del caso, facultad que nunca puede ser usurpada por otro, sino que siempre dependerá de cada sujeto en cada acto y en cada decisión, sea esta consciente o no.
El sujeto puede optar por declarar lo que sabe es mentira y libertarse físicamente a condición de sacrificar su criterio ético, ya que este está involucrado con la verdad y el orden de reparto equitativo, como veremos más adelante, y que en este caso sería que ninguno de los dos sujetos permanezca en la cárcel, o elegir no declarar, con lo cual permanecería preso, pero con lo que algún religioso podría llamar “libertad de consciencia”, algo mucho más metafísico que no cabe en este lugar su discusión.
Cada cual que elija, no seré yo quien juzgue, a lo sumo quien se defienda.
Lo que me proponía con este ejemplo era demostrar el carácter lógico de las proposiciones éticas, a diferencia de antaño, donde se confundía ética con moral, acá vemos que si bien se parte de ciertos presupuestos tomados como ciertos, esto no desacredita en nada el dilema ético que se pone a trabajar a partir de estos presupuestos; dados A, B y C no importa cuan ciertos sean estos, sino la relación que nosotros establezcamos luego con estos elementos a partir de su interjuego y según las definiciones dadas para A B y C.
Podríamos llegar a un acuerdo con quienes califiqué de metafísicos, diciendo que lo que no puede perderse, a no ser que se ceda, es no la libertad, sino la “capacidad” de establecer relaciones lógicas entre conceptos, casi no es otra cosa la ética que esto, en vez de armar algoritmos lógicos sobre la base de números no representativos de nada, les asignamos un “valor” a estos y luego especulamos con ellos.
El dilema comienza cuando se trata de enunciar un valor supremo por sobre todos los demás, el Otro al cual poner como eje del resto de los valores y desde el cual distribuir los subsiguientes en pro de conseguir determinado fin, Aristóteles lo hacia con el Bien, como le enseñó su maestro Platón, aunque modificando este concepto para hacerlo más “terrenal” pero no por eso menos universal.
Entonces partía en sus definiciones de ética, que enmarcaba dentro de la política -cosa que conlleva también un criterio de inclusiones por grado de importancia- desde el fin que esta se proponía, a su entender el bien común, ya que este era el fin de la política según su criterio.
No estando en desacuerdo con esto, estoy personalmente de acuerdo con la búsqueda del bien común, pero haciendo disquisiciones conceptuales como lógicas, debo decir que el error aristotélico es pensar los conceptos como pensaba los planetas, orbitando.
Mejor asimilado con un pensamiento estructural o incluso en red, el dilema que planteo ahora desde estos criterios, es qué gran Otro situaremos en cada caso, para luego pensar si tal o cual acto se sostiene en qué ética.
Dado que el Otro en tanto tal no existe, será cuestión entonces de rastrear hacia qué, y desde qué Otro fueron concebidos A, B y C en cada caso, ya que este Otro permanecerá inconsciente para quien o quienes integren en determinada situación práctica un determinado problema ético a discernir por ser partícipes del dilema.
Entonces en estos casos de comités de ética, así como en la clínica, el efecto que se buscará será retroactivo al discurso de los sujetos partícipes y no olvidando, en “todo” caso, y este enunciado corriente encierra el dilema en cuestión, que nuestra ética como psicoanalistas está en el bien decir.
Que paradoja!, y bueno, nos sostenemos muchas veces en paradojas.
Tuve el agrado de leer unos interesantes textos transcriptos lo mejor que se pudo de unos discursos dados por J.A. Miller y E. Laurent en donde se hablaba de este dilema, allí Laurent recordaba para algunos, informaba para otros, acerca del dilema de Condorcet, dados A, B y C, se tenía que buscar un orden de preferencias que respondiera al bien común, entonces se decía que si A era preferible a B y a su vez B era preferible a C, debíase acordar una ley de transitividad por medio de la cual A por ser preferible a B (que es preferible a C) fuera entonces también preferible a C, de lo contrario se caería en el dilema de Condorcet (Economista) el cual establecía la imposibilidad lógica de un acuerdo común debido a esta propiedad discursiva de poder preferir A sobre B pero no sobre C, en suma lo que se buscaba era un Otro que legislara de forma universal, pero la realidad es lo contrario, de ahí que existan las funciones de excepción.
Entonces el dilema ético nos sigue dando vueltas en la cabeza. Y por esto en el título del presente se anticipa... las éticas.
Pero entonces todo está permitido se podría decir, y sin embargo no, o mejor expresado, todo lo consensuado está legalizado y las cosas que quedan por fuera del consenso se deben dirimir caso por caso.
Aquí aparecen los conceptos de estructura, red, comunidad.
Para validar un criterio determinado, se debe recurrir a la estructura que lo contiene, esta estructura, por estar en relación con otras estructuras y por contener lazos relacionales que la conforman, tendrá una formación en red, sea como fuere, ramificada, centrada, descentrada, en cascada, se encontrará en continuo flujo y conformando determinados nodos o comunidades más o menos delimitadas, cada uno de estos nodos debatirá sus principios éticos a seguir, aunque sean mínimos y se puedan reformar, gozarán de un tiempo de validez universal para cada miembro de dicha comunidad, y estos serán consensuados siguiendo el mejor criterio de bienestar común y equidad distributiva, es decir que lo que conviene a la colmena conviene a la abeja.
Pero esto no siempre es vivido así por los participantes de la colmena, y empiezan a existir excepciones que sirven para amortiguar el malestar de quienes no se sienten beneficiados por lo que se considera la mejor opción.
Estos, si llegan a convertirse en gran cantidad, pueden o bien reformar determinada cosa o bien armar una nueva formación comunal aparte.
Sea como fuere, lo que se ve en estos interjuegos es el armado continuo de criterios éticos para consolidar prácticas determinadas, quiero decir que el factor que posibilita que se puedan efectuar estos cambios, estas idas y venidas, es el factor ético que regula continuamente el para todos y el para cada uno, la ética como disciplina que se ocupa de dilucidar continuamente la manera en que un orden de reparto conlleve, en la medida de lo posible, a los mejores beneficios para cada parte, es la herramienta conceptual encargada de velar por la justa horizontalidad de criterios a enfrentar, sin privilegiar unos sobre otros, sino sabiendo que todos se apoyan en los otros para poder existir en el tramado relacional de construcción de la realidad.
Aquí podemos recordar el problema de los presos y los circulos de colores que plantea Lacan como un ejemplo de salida por criterio estructural tanto lógico como ético, la idea sería tratar de llegar a estados como este, en los cuales sea imposible que uno sea sin dos y tres, esto de alguna manera es por defecto, pero la tarea es llevar a los sujetos hasta estos extremos para que puedan por ellos mismos consolidar por experiencia la "conveniencia" de este tipo de "estilo" resolutorio.
Alli la tarea, aqui el intento.
Amador Fernández-Savater
"El hombre blanco nos puso en estas cajas cuadradas. Nuestro poder se fue y estamos muriendo. Así están las cosas. Somos prisioneros de guerra mientras esperamos aquí. Pero hay otro mundo" (Black Elk, jefe sioux)
Podemos detectar en el corazón de las luchas sociales que atraviesan el planeta una exigencia y una preocupación fundamentales: "hacer sociedad". En efecto, desde Buenos Aires hasta la Selva Lacandona, desde la apropiación colectiva de tierras con Brasil hasta el "movimento no global" en Italia, desde la batalla planteada por el campesinado indio contra la penetración mercantil de transgénicos hasta los clubs de trueque que tachonan el planeta, se trata explícitamente de reconstruir de forma alternativa y/o antagonista el lazo social, de recuperar colectivamente la dignidad fortaleciendo los vínculos y el sentido frente a las políticas de la humillación y el miedo (sus exactos contrarios) propias del mando neoliberal de la globalización capitalista.
Ante esta evidencia surgen dos preguntas: ¿Qué puede querer decir eso de "reconstruir el lazo social"? ¿Acaso el "sistema capitalista" no produce a su modo todos los días la "sociedad capitalista"? Para una corriente muy amplia del pensamiento crítico, fundamentada en Marx y Polanyi, la "sociedad capitalista" es una imposibilidad antropológica y ecológica. El capitalismo "razona como si viniese de otro mundo -y con total desprecio del nuestro, que es, sin embargo, su único terreno de actuación" (J.P. Baudet). No diremos tanto, pero la hostilidad de los presupuestos más profundos y los desarrollos prácticos de las "tecnologías de la trascendencia" (ingeniería genética, energía nuclear, automatización, industria espacial, etc.) o la tentativa de sustituir el tiempo y el espacio propios del habitar humano por las coordenadas privadas del capital financiero (fragmentación, presente perpetuo, ubicuidad, ilusiones de eternidad), parecen confirmar cada una a su modo que el capital sueña desde sus orígenes con "un mundo sin gente" o con gente modificada (no sólo genéticamente) a su voluntad; y que sólo pacta con todas su formas de fidelidad y pertenencia porque se le obliga a ello, muchas veces a la fuerza. Pero difícilmente se podrá hacer de los seres humanos esos "átomos sociales" que cooperan simplemente movidos por un "cálculo egoísta" con los que sueñan los neoliberales fanáticos de la "autorregulación" del mercado. Equivaldría pura y simplemente a la supresión de la precaria condición humana, que está hecha efectivamente del material del que se hacen los sueños, esto es, los vínculos que teje la imaginación. El intercambio mercantil sólo es un momento del intercambio simbólico y su hegemonía está fechada muy recientemente, contra lo que quisiera hacernos creer la ideología neoliberal.
"Hacer sociedad" significa preservar, fortalecer y crear lazos sociales, debilitados por el capitalismo en todas partes. En el centro de todas esas luchas mencionadas antes está la producción de sentido, de nuevas formas de ver y vivir. No es lo mismo una comunidad unida por lo que contempla pasivamente en alguna pantalla mágica que otra reunida en torno a lo que hace. No es lo mismo una comunidad con ritos y formas complejas y flexibles de intercambio simbólico para resolver conflictos que otra que no puede echar mano más que de los tribunales y la violencia (como va siendo cada vez más el caso de Estados Unidos). No es lo mismo una sociedad indiferente u hostil con respecto a su pasado que otra que lo hace renacer permanentemente, recreándolo.
Los mitos (relatos, cuentos, fábulas, historias) han sido durante mucho tiempo, y aun lo son en gran medida, los vehículos de comunicación de sentido, los mapas que inscribían a los individuos en la profundidad del tiempo y el espacio, las figuraciones que daban cuenta de la experiencia individual y de la historia colectiva, la argamasa que mantenía una sociedad unida (aun en los conflictos y los desgarros más agudos). Los moldes tradicionales donde se daba forma a nuestra experiencia han entrado en crisis: la familia, la ciudad, la escuela, la religión, el partido, la tradición, etc. ¿Quién sabe hoy lo que significa "educar", por ejemplo? Toda la sociedad es ahora un mar "inquieto y bullente" donde circulan los elementos con los que tenemos que elaborar narrativas de sentido que nos vuelvan a colocar en un mundo despedazado, a orientar, que nos sirvan para descifrar la historia colectiva que nos constituye, para interpretar nuestras experiencias más hondas, nuestras vivencias cotidianas, nuestros gestos, que nos devuelva la confianza en nuestras posibilidades de acción colectiva, que sean como un recordatorio siempre presente de que la historia en la que nos agitamos no es un destino, que la vida que llevamos no es una fatalidad impuesta por alguna trascendencia imperturbable, que la plasticidad del ser humano es infinita, que somos y seremos lo que queramos ser si nos atrevemos a arriesgar el precario andamiaje que nos mantiene sujetos y a confiar en nuestra voluntad de suerte, etc. En definitiva, los mitos procuran dar a una sociedad, que los alimenta y los altera constantemente mientras está viva, un sentido, una orientación y sobre todo la confianza en sí mismos frente a todos los poderes que se presentan como necesarios, ineluctables, inamovibles, irreversibles, etc.
Pero, ¿qué mitos que nos recoloquen en el mundo podemos elaborar nosotros, contemporáneos de la guerra global permanente decretada por las élites imperiales después del 11 de septiembre, nosotros que sólo podemos tener "nostalgia" de una comunidad "por venir", demasiado olvidadizos para reconstruir una historia de la libertad -aplastada por tantas mentiras- y devolverla a la vida, inscritos en un sistema económico que no nos deja pararnos a pensar, a recordar, a imaginar, sometidos a una precariedad existencial abrumadora (en el trabajo, el territorio, la escuela, la salud, las raíces, el movimiento, etc.)? ¿Cómo podemos explicarnos a nosotros mismos esa precariedad, qué metáforas podemos utilizar para hacer esa experiencia de fragilidad y plasticidad comunicable y compartible (todo el mundo sabe, no sólo los artistas, que para que una experiencia no se disuelva en el aire hay que representarla)? ¿Cómo podemos representarnos entonces la precariedad de modo que nuestros anhelos más elevados no pasen por las seguridades subalternas que venden hoy los nacionalismos, los integrismos, etc.? La reconstrucción del lazo social no tiene porqué pasar por el apego exclusivo a un territorio, a una tradición, a una cultura o unas gentes determinadas, como demuestran todas las comunidades extraestatales que han atravesado el planeta, las sociedades políticas revolucionarias en primer lugar, la metamorfosis continua de los mitos de cualquier comunidad viva, la aleación entre pasado y futuro de las mil narrativas de sentido que pueblan nuestra vida, los intercambios simbólicos entre sociedades que superan el momento del desprecio y la violencia recíproca, etc. ¿Qué figuras nos pueden tatuar en la carne que la precariedad no un ningún destino o fatalidad, que es posible vivir de otro modo, que es posible invertir la precariedad en una vida concebida como juego (con toda la seriedad de los juegos) y experimento?
Un paréntesis: la guerra
Durante los últimos tiempos se ha insistido mucho, con justicia, en que la guerra era la metáfora que ilustraba mejor nuestra condición, porque la economía moviliza todas nuestras capacidades (lo que se viene a llamar "biopolítica") como ocurre en una guerra, porque la incertidumbre, el desastre y la inestabilidad propias de los tiempos de guerra ahora se inscriben en la normalidad de nuestra vida cotidiana, de hecho constituyen esa normalidad, porque las necrotecnologías (como la ingeniería genética) conciben el mundo entero como un laboratorio de dominación como pasa en las guerras, porque nuestra percepción se ve forzada cotidianamente a adaptarse a un nuevo campo de batalla, "espacio privilegiado de la visión poco fija, de los estímulos rápidos, de los eslóganes y otros logotipos guerreros" (Virilio), porque nuestras ciudades se transforman a una velocidad que nunca había conocido una ciudad en tiempos de paz, porque nuestro tiempo y nuestro espacio estallan como tras el impacto de una bomba de racimo, etc. Pero ahora la guerra no es ya una metáfora de nada, no guarda ya la distancia frente a lo real que le es propia a esa figura literaria: estamos en guerra, la guerra global permanente. Frente a la crisis aguda de legitimidad, frente a la recesión económica, frente al cuestionamiento global, frente a la ingobernabilidad en ascenso, el imperio ha decidido iniciar una monstruosa fuga hacia delante y decretar la guerra global, tras el 11s. Aplastar a los movimientos de contestación debajo de consensos antiterroristas, suprimir fastidiosas trabas políticas a la acumulación económica (libertad de comunicación y privacidad, libertad de circulación y de instalación de los flujos migratorios, derechos civiles, sociales, etc.), decretar una suerte de estado de excepción global.
No creo que sea una pérdida de tiempo forzar una analogía con la situación que describe Jünger en su ensayo de 1930 sobre su experiencia bélica en la 1ª Guerra Mundial titulado "La movilización total". Jünger advierte en él de que el aspecto técnico nunca es el decisivo en la movilización total: su presupuesto fundamental es la "disponibilidad" a la movilización. Es decir, la desaparición de todo aquello que en la vida de los individuos les puede llevar a cuestionarse su participación en una guerra al servicio de más que oscuros intereses: la destrucción de tejido social, de la memoria del horror de una guerra, de la esperanza en formas dignas de vida, etc. "La creciente transmutación de la vida en energía y la progresiva volatilización de todos los vínculos otorgan un carácter cada vez más incisivo al hecho de la movilización" (Jünger). Hannah Arendt confirma a su modo el juicio de Jünger cuando describe el tipo humano que movilizó mayormente el nazismo: aislado, desarraigado, cínico, temeroso, desesperado, arruinado, etc. También Benjamin, después de la 1ª Guerra Mundial, apunto un filón de análisis fundamental cuando comentó que los soldados de las trincheras volvieron mudos del frente, sin palabras para explicar (y explicarse) lo que había sucedido, incapaces de elaborar un sentido para su propia experiencia. Quizá ese silencio se prolongó demasiado y, entre otras muchas causas, dio lugar al fascismo y al nazismo que asolaron Europa.
Pues bien, podemos caracterizar la globalización capitalista como otra enorme movilización total, que se alimenta, como la anterior, de la ausencia de sentido -el nihilismo- o, más bien, de la destrucción de sentido. Tal y como hizo la movilización total descrita por Jünger, la globalización capitalista acaba con las tradicionales distinciones entre trabajo y ocio, dentro y fuera, producción y reproducción, público y privado. Marco Revelli, estudioso de las formas de vida y de trabajo en el posfordismo, describe el sistema productivo flexible como "un flujo continuo y total, que hace palpitar el entero entramado productivo al mismo ritmo, que abarca todas las fases de producción al mismo tiempo". Una auténtica máquina de guerra, vaya. La vida entera puesta a trabajar, como ocurre en todas esas empresas posfordistas donde no sólo se requiere al trabajador un esfuerzo físico por determinado tiempo, sino una implicación total, una adhesión absoluta, una lealtad ilimitada, el despliegue de todas sus cualidades (no sólo físicas, sino también lingüísticas, imaginativas, comunicativas, afectivas, etc.). En nuestra era de la precariedad, las empresas intentan redoblar su esfuerzo por captar la energía de sus empleados desarrollando todo un aparato publicitario que conforme un imaginario capaz de compensar la inestabilidad a la que se está sometido en verdad (todos sabemos de esas empresas japonesas que inventan un modo de vida entero para sus trabajadores -formas de vestir, fiestas, sociabilidad, etc- que les asegure así su fidelidad). Hannah Arendt hablaba en un sentido parecido del "inquebrantable mundo ficticio" que llevaba a las últimas unidades de las juventudes hitlerianas a dejarse matar combatiendo desde cualquier ruina del Berlín desolado. Por supuesto, en ninguno de los casos la fidelidad es recíproca: después de la primera derrota, después del primer tropezón económico, las filas se apretujarán expulsando a los desgraciados a los que toque cada vez.
El carácter típico de los sujetos alistados a la movilización total está conformado por el cinismo y el miedo. Ya no nos creemos nada y tememos todo. Como les ocurría a aquellos soldados de que habla Benjamin con respecto a las promesas y los discursos de sus amos y al mundo que se reencontraron ("una generación que había ido a la escuela en tranvía tirado por caballos, se encontró indefensa en un paisaje en el que todo menos las nubes había cambiado, y en cuyo centro, en un campo de fuerzas de explosiones y corrientes destructoras, está el mínimo, quebradizo cuerpo humano"). Cuando "hay que habituarse a la movilidad, ser capaz de mantener el paso a pesar de las más bruscas reconversiones, saber adaptarse al tiempo que emprender, ser dócil en el paso de un conjunto de reglas a otro, estar dispuesto a una interacción lingüística banalizada, etc." (Virno), como sin duda es el caso de las empresas posfordistas o la guerra, en realidad no podemos creernos nada, hacemos "como si", pero sabemos que es inútil creer por ejemplo en un conjunto de reglas de trabajo porque todo cambiará al momento siguiente. Eso es el cinismo. Sobre el miedo hay menos que explicar. Aceptamos cualquier atisbo de seguridad por miedo. Aceptamos el chantaje de la precariedad laboral por miedo. Un miedo que puede al final reivindicar a cualquier caudillo que alce la voz para prometer cierta estabilidad de las condiciones de vida, aunque sea a costa de exterminar a los supuestos culpables de que no la haya (los judíos, los inmigrantes, los disidentes, etc.). Ahora como hace setenta años, vivimos un proceso de desarraigo y desposesión que nos deja inermes, confusos, solos. El extremo de ese proceso de desposesión fueron a mitad del siglo XX los campos de concentración.
Narración y milagro
"Los lamentos poéticos de este siglo no son más que horribles sofismas. Cantar el hastío, los dolores, las tristezas, las melancolías, la muerte, la sombra, lo sombrío, etc., es no querer mirar sino el pueril reverso de las cosas (...) Esta es la razón por la que he cambiado de método, para cantar exclusivamente la espera, la esperanza, la CALMA, la dicha, el DEBER". (Lautréamont)
Cuenta Félix de Azúa en algún sitio que en los vagones que les conducían a los campos de concentración se producía entre los condenados un extraño ritual. En la parte superior del vagón había un pequeño orificio y algunos presos aupaban a uno de ellos hasta arriba para que les contase a los demás lo que veía. "Los presos necesitaban saber dónde estaban, adónde les conducían, qué tierras cruzaba el tren, qué gentes las habitaban". La narración del oteador les permitía componerse un pequeño mapa y esbozar algún sentido para lo que les pasaba. Desde el orificio se podían incluso hacer señales a la gente que se quedaba mirando el tren al pasar: eso tenía mucha importancia para los que sentían estar viviendo una pesadilla que nadie creería nunca. A veces, un oteador era demasiado "subjetivo": imponía sus impresiones personales en el relato que daba cuenta de lo que veía. Entonces se le sustituía. En otras ocasiones, algunos oteadores eran demasiado "dispersos" y el relato no tenía ni orden ni concierto. También los había demasiado "objetivos", que sólo transmitían información ("veo una estación, una familia, un perro", etc.). A todos esos se les bajaba y se les sustituía también. Pero algunos oteadores conseguían el milagro de convertirse en los ojos de los demás: entonces los imaginarios individuales rompían su aislamiento y se encontraban con otros imaginarios. El milagro de la creación. "En los buenos relatos, los presos tenían la certeza de que algo circulaba de los unos a los otros, de los condenados a los libres, del mundo de la muerte al mundo de los vivos". Esa narración no pertenece al narrador, el narrador se borra, cancela su yo, no para dar rienda suelta a un caos de pulsiones o fantasías reprimido hasta ese momento, sino para convertirse en los ojos de una comunidad, no el reflejo de una subjetividad media, sino el lenguaje que expresa las aspiraciones más altas. Entonces, hasta los presos más desesperados que se burlaban de los que aupaban a un compañeros ("qué más da lo que haya fuera, estamos condenados") prestaban oídos. El cinismo y el miedo desaparecían ante la fuerza del relato, que recordaba que había otro mundo fuera del vagón, que el vagón no era toda la realidad, que fortalecía la esperanza de que el horror tuviera un final.
Las vanguardias han sido en ocasiones durante el siglo XX esos oteadores demasiado "dispersos" (el dadaísmo), demasiado obsesionados por la originalidad (y, por tanto, por el autor, aunque se niegue, como el surrealismo), demasiado "objetivos" (todos los funcionalismos). Edgar Varesse, compañero de Picabia en Nueva York, decía que el futurismo "reproducía servilmente la trepidación de la vida cotidiana". Demasiadas veces ha sido así en el caso de otras vanguardias, menos interesadas por combatir la desposesión dominante elaborando figuras de posesión (mapas del laberinto, signos de reconocimiento) que por exaltar la dispersión, el dolor o la laceración, la cuchufleta y la ocurrencia, el movimiento perpetuo y la velocidad. Siempre se repiten los mismos ejemplos de las técnicas vanguardistas "recuperadas" por los guionistas de la sociedad del espectáculo (publicitarios, empresarios, etc.). Pero el problema más hondo no reside en formular figuras positivas, siempre "recuperables", sino acuñarlas directamente con el troquel del espectáculo: presente perpetuo ("donde nada lleva a nada, donde todo se evapora"), imagen y superficie. Si queremos bloquear la movilización total y su específico nihilismo productivo, hace falta construir narrativas colectivas, referentes simbólicos adaptados a las cavidades más profundas de nuestro tiempo histórico, que generen sentido y permitan sustraerse (al menos mentalmente) a la guerra económica y el ascenso de la insignificancia que lleva consigo. ¿Qué puede recogerse de la experiencia de las vanguardias en esa línea? Desde luego ninguno de los aspectos atravesados en mayor medida por los prestigios de la guerra y su agitación histérica. El sentido tiene que poder habitarse. Sin embargo, para noquear al espectador, una parte no despreciable de la creación vanguardista ha reproducido con abrumadora insistencia paisajes y ambientes de guerra: inhabitables, por tanto.
Hacer símbolo
Durante mucho tiempo, los movimientos revolucionarios estuvieron animados por "grandes relatos": el progreso, la historia como proceso de liberación, autodeterminación de la Razón, hundimiento imparable del capitalismo, etc. Esos "grandes relatos" han sido duramente criticados hoy por su imposición de sentidos únicos sobre el mundo, su carácter determinista, la anulación de la autonomía individual, su falta de adecuación con nuestra realidad fragmentada y muy acelerada (igual que en otro tiempo se dijo que la pintura ya no acertaba a registrar "lo transitorio, fugitivo y contingente" de la vida moderna), etc. Es una crítica muchas veces justa, pero que no arruina ni por un momento la necesidad de fabricar mitos, relatos que den cuenta de nuestra situación en el mundo, que establezcan ritos y símbolos de reconocimiento entre cómplices.
"Mientras no hagamos estéticas, es decir, mitológicas, las ideas, ningún interés tienen para el "pueblo", e inversamente : mientras la mitología no sea racional, el filósofo tiene que avergonzarse de ella. Así tienen finalmente que darse la mano ilustrados y no ilustrados". Hegel, Schelling y Hölderlin escribieron esta declaración en su Proyecto más antiguo del idealismo en 1796. Respondían así al dilema que atraviesa siempre los movimientos revolucionarios: ¿cómo se puede impulsar a la gente a la acción, una vez admitido que, por sí solo, el conocimiento racional no es suficiente para movilizar una empresa de transformación? El movimiento de contestación global, que surge en Chiapas y Seattle, también se ha planteado esto. Sobre todo los italianos del colectivo Wu Ming. ¿Cómo elaborar mitos que eludan los peligros de los "grandes relatos"? ¿Dónde hacerlo, cuando los moldes de transmisión de la experiencia están en crisis y el capitalismo ha colonizado todos los aspectos de lo social? ¿Cómo impedir que esas narraciones cristalicen en formas de trascendencia (el Modelo, el Origen, el Líder, etc.), en una estetización apolítica de la existencia o en la negación del presente a la espera de ese "otro mundo posible", etc.? ¿Cómo sustraer las capacidades comunicativas de la gente que explota el capital y ponerlas a funcionar de otro modo? ¿Qué figuras proponemos para hacer públicos los rasgos más relevantes de nuestra condición política, no sólo la precariedad, sino la inteligencia colectiva, la multiplicidad, la comunidad "que viene", la ambivalencia, la voluntad de autodeterminación y autonomía, la experimentación, etc.? "Sin un imaginario de referencia, sin una narración "abierta" e "indefinidamente redefinible" de la cual sea posible participar y a la que se pueda acceder libremente, el movimiento no puede sino fracasar en su intento de sedimentar la experiencia propia, que es precisamente nueva, experimental, en muchos sentidos inédita. No se trata de cristalizar ese epos, sino, al contrario, de compartirlo, hacerlo accesible, "publicitarlo", transformándola en un arma cultural eficaz, potencialmente hegemónica y por tanto capaz de vencer, más allá del mero testimonio (Wu ming)". El relato tiene que ser, por tanto, lo opuesto del aura según Benjamin, esto es, perfectible y reproducible. Un ejemplo sería el relato colectivo sobre Génova, tras la cumbre del G-8 en julio del 2001. No consiguieron que volviéramos mudos, como los soldados de la 1ª Guerra Mundial, todo lo contrario: las decenas de miles de personas que habíamos participado en esa extraordinaria y trágica contestación al poder global, volvimos metamorfoseadas en agentes de una narrativa de emancipación, en proceso, coral, abierta. Había que contarlo todo: lo que había pasado en las calles, en los centros de detención, en los espacios de alojamiento colectivo, por las cabezas y los cuerpos, a desconocidos y amigos, etc. Así no sólo se estaba dando testimonio individual y privado de lo acontecido, visto o vivido, sino componiendo una narración de sentido compartida, una tentativa de elaboración de la experiencia a través de la figuración literaria, una suerte de contagio inmediato por vía imaginativa, una mitopoiesis. Esa narración no era la "versión oficial" de los hechos ni una mera yuxtaposición de testimonios individuales, moldeados en la historia política de cada cual, sino una creación colectiva que eliminaba las fronteras rígidamente establecidas entre imaginario privado e imaginario colectivo, tradición y novedad, que hablaba de la fuerza colectiva, del arrojo, del miedo, de la experiencia de desolación (exactamente "privación de suelo") que supuso para todo el mundo verse convertido en "nuda vida" sometida a la arbitrariedad despótica de la policía ascendida de pronto a soberana absoluta.
El movimiento obrero creó en su momento ese espacio mental colectivo. La historia de su formación la cuenta por ejemplo Edward Thompson, que cita a John Thelwell y lo que decía entonces: "cada taller o manufactura es una especie de sociedad política que ninguna ley puede reducir al silencio y ningún magistrado puede forzar a dispersarse". Eso fue así durante mucho tiempo, pero finalmente leyes y magistrados y sobre todo mucha violencia forzaron la dispersión y decretaron el silencio. Los movimientos que surgen hoy de las ruinas dispersas de la tradición revolucionaria de los dos últimos siglos necesitan consolidar esas sociedades políticas, esos contrapoderes, abrir mundos para la existencia y la actividad libre de los seres humanos. Para ello, necesitamos contarnos historias, reinterpretar todo nuestro pasado, formular imágenes de futuro que (nos) tienten a arriesgar el sentido establecido, símbolos de reconocimiento entre hermanos y hermanas, confianza en la plasticidad y la imaginación creadora de los seres humanos, en sus posibilidades de actuar, de "empezar de nuevo", necesitamos recordar lo que fue, las tentativas fracasadas y la superación de lo que parecía imposible superar, necesitamos cartografiar la dispersión, dar nuestros nombres a las cosas, ofrecer un lenguaje a las aspiraciones comunes, narrar lo extraordinario y lo maravilloso como momentos fundacionales, nuestros propios viajes iniciáticos: ruptura con los lazos de la socialización primaria, prueba del laberinto, retorno de los infiernos, metamorfosis, creación de nuevos lazos, etc. Necesitamos mitopoiesis.
